Desarrollando perspectiva: «Cuarentena COVID-19, deterioro emocional y psicológico»

Cuarentena COVID-19, deterioro emocional y psicológico


Esteban Arámbula Ibarra
earambula@uabc.edu.mx

Estar enclaustrado por un periodo prolongado no es la mejor forma de llevar una vida plena. La situación que se ha suscitado por la pandemia que actualmente se vive a nivel global ha requerido que los habitantes de muchas naciones, si no es que de todas, entren en una cuarentena domiciliaria, la cual se ha prolongado más de los cuarenta días y, junto con otros factores que entran en juego a causa del confinamiento hogareño, ha deteriorado la salud mental y emocional de las personas.

Un sondeo hecho por Cadem y la Mutual de Seguridad fija que un 56% de mujeres cree estar trabajando más que en tiempos normales de oficina,  y un 36% de hombres percibe estar en la misma situación ( El Mostrador Braga, 2020). Las mujeres llevan más la carga de los hogares, aunada a sus labores y compromisos externos al hogar. Aún en estos tiempos modernos se puede ver cómo las mujeres son las que se hacen más cargo de lo doméstico. Aunque se ha repartido un poco más la labor del hogar con los hombres, sigue siendo dispareja la distribución de actividades domésticas. Uno de los aspectos que más problemas ha ocasionado, según las personas encuestadas que teletrabajan, fue hacer compatible el tiempo de trabajo con las tareas hogareñas.

Existe una clásica y errónea manera de pensar que agrava todavía más la situación de la carga de trabajo y psicológica en los hogares; según Amaia Pérez Orozco “sigue imperando esa idea de que lo que se hace en casa no es nada, ni es trabajo ni nada porque si no cómo pensamos que se puede hacer todo lo de dentro más cargar con todo lo de fuera» (Aguilar, 2020).

Estas cosas crean presión en los hogares. Los miembros de la familia comienzan a tener roces entre ellos y problemas de conducta, lo cual les genera crisis emocionales y presión psicológica. Claro está que no todas las familias sufren de conflictos en el hogar, ni al mismo grado, algunas más y otras menos. La escasez de recursos es uno de los tantos problemas que trae fricción al hogar, siempre lo ha hecho, pero en estos tiempos precarios lo acentúa más.


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Se escucha que el Gobierno busca ayudar en el combate de la crisis económica en la que se pueden estar viendo las familias a través de un ingreso mínimo o lo que otros plantean una renta básica universal. Esto mientras dure la situación crítica que se experimenta económicamente por la contingencia sanitaria en todo el mundo. Esta estrategia de apoyo aliviaría la carga económica y el estrés psicológico-emocional de personas sin ingresos o con ingresos insuficientes.

La carga que los padres llevan en el hogar es una bomba de tiempo para muchas familias. Además de la poca liquidez con que se pueda contar, también está la administración del tiempo. Por ejemplo, ayudar en la educación de los hijos mientras se hacen quehaceres en la casa y se cocina, adherido al tiempo que se necesita para el trabajo remunerado, ejercitarse, dormir, y ocuparse del cuidado personal.

Muchas personas han podido sobrellevar la crisis que se vive actualmente, pero muchas otras no. Lo que empeora la situación es la desinformación que poseen muchos de los individuos y que se añade a la carga de tensión que ya de por sí experimentan día a día. Existe mucha información errónea y manipulada por diversas razones que solo lleva a la población a un estado psicológico de pánico e incertidumbre, además de a un estado emocional quebrantado. Los mitos que circulan en redes sociales y en general todo el internet, junto con algunos otros medios de comunicación, crean preocupación en la gente respecto a todo lo referente al COVID-19. Como lo mencionan el virólogo Carlos Briones y el bioquímico Juli Pretó: “Se están difundiendo por distintas vías informaciones falsas, sesgadas y malintencionadas sobre todo lo relacionado con esta pandemia” (Briones & Peretó, 2020). Personas han dicho que es un ataque biológico para reducir la población del planeta y controlar los recursos, que el virus fue creado en un laboratorio, cosa que la evidencia no respalda: “nuestros análisis claramente muestran que el SARS-CoV-2 no fue un experimento de laboratorio” (Bryner, 2020). De acuerdo con el Dr. Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de los Estados Unidos, “la evidencia apunta muy fuertemente a que esto no pudo haber sido manipulado o creado de forma artificial…evolucionó en la naturaleza y después se contagió entre especies” (AL JAZEERA AND NEWS AGENCIES, 2020). Como es de esperar, la gente vive con zozobra cuando se le dice que el mismo Gobierno que debe cuidar de sus ciudadanos ha creado un virus para deshacerse de ellos. La gente puede creer ciegamente que es un atentado u otra cosa deliberada, sobre todo si escuchas a Donald Trump decir que el virus fue creado en Wuhan. Ver que un presidente tan poderoso haga ese tipo de aseveraciones pone de nervios a cualquiera y empeora el estado emocional de la población.

Este tipo de aseveraciones generan desconfianza en sus autoridades y propician problemas en las familias cuando se vuelve el tema de conversación diaria con miembros a favor y otros en contra. Debido a cosas como esta, la fricción familiar se incrementa y el confinamiento no ayuda en nada cuando se tiene que lidiar con conflictos así. Hay personas que sencillamente no pueden soportar vivir de ese modo a diario. Esto también contribuye al desgaste emocional y mental de los inquilinos de la vivienda, además del desgaste que supone el trabajo remunerado que deben realizar y lidiar con todos los demás conflictos. En caso de no tener empleo esto simplemente es un deterioro más que se debe soportar.

Según Naix’ieli Castillo “Las medidas de confinamiento establecidas por las autoridades sanitarias para frenar la expansión de la pandemia de COVID-19 han aumentado el riesgo de mujeres y niñas de padecer violencia física, sexual, psicológica, económica y feminicida” (2020).  Existen reportes de casos de violencia intrafamiliar debido a la cuarentena; curiosamente lo que está causando maltrato en los hogares ha ocasionado la disminución de delitos comunes en la sociedad debido a que las personas no transitan tan a menudo las calles. La Dr. Aimé Vega Montie señala que en México la cultura machista junto con la inestabilidad económica y la tensión elevada en las casas son el combustible de la violencia generada en los hogares.

Es lamentable que se violente así a las personas, pero la agresión no es lo único que causa el estrés que familias enteras viven. Contagiarse con el virus es uno de los grandes temores que tiene la mayor parte de la población. El sector que más es golpeado por este tipo de tensión psicológica son las personas que trabajan en el rubro de la salud: médicos(as), enfermeras(os), todo el personal que esté en contacto con pacientes diagnosticados positivos con el virus o en espera del diagnóstico. Estos servidores cargan con el temor de contagiarse, o lo que es peor, contagiar a sus seres queridos. Es desgastante la labor que realizan en pro de la supervivencia de muchos pacientes. 

Los familiares de los infectados así mismo pasan por mucho estrés al no tener certeza de si su miembro familiar podrá recuperarse o no lo volverán a ver de nuevo. Las familias inconscientemente pasan por una etapa de duelo o pre duelo al saber que uno de los suyos tiene Covid, o que ellos mismos contrajeron la enfermedad.

 Por demás esta recalcar lo difícil que se ha vuelto la vida y cómo se entró en un modo de supervivencia de pronto. Cada familia se esfuerza por salir avante de esta lamentable situación lo mejor que puede, pero han habido casos en los que simple y llanamente no ven la luz e incurren en actos violentos dentro y fuera del núcleo familiar. Además, cuando su percepción ya está sesgada y alterada por todo lo que les abruma, pueden estar propicios a delinquir o cometer suicidio, lo cual lamentablemente ha sucedido.  Un estudio ha demostrado que el estrés prolongado ocasiona estragos en la mente, además de pérdida de memoria por retraer la conexión entre neuronas y evitar el nacimiento de nuevas (Trejo & López, 2020). En respuesta a esta crisis el Gobierno Federal de México tiene un portal en el que brinda asesoría y apoyo a las personas que estén sufriendo los estragos psicológicos que la pandemia y la cuarentena han causado  (Gobierno de México, 2020). En el portal se pueden encontrar videos que hablan a cerca de la salud mental elaborados para niños y otros para adultos. Aunado a este contenido también hay números telefónicos a los que pueden marcar, además de mucha más información que pueden leer y de un examen para que puedan evaluar tu sanidad mental. Así es como el Estado pone su grano de arena para ayudar a calmar la ansiedad y el estrés causado por la situación adversa. Este tipo de medidas crean una atmosfera propicia para que la ciudadanía pueda tener un respiro y una mejor salud mental.

De este modo lo único que queda es guardar la compostura y sobrellevar la crisis lo mejor que se pueda mientras juntos encontramos una solución viable para la situación de salud y las otras derivadas por la pandemia. Alarmarse y creer cosas sin fundamento no es la mejor apuesta en estos momentos; mejor es informarse e investigar. El conocimiento es poder y ayuda a bajar el estrés. Así que, para calmarse y ayudarse, prepararse y ejercitarse son una mejora a la hora de abordar la situación, así como platicar en comunión con la familia. Así pues, reduciendo el estrés se construye un mejor hogar en cada lugar.

***Este artículo es el producto de un trabajo de investigación y redacción desarrollado de manera colegiada por parte de estudiantes de licenciatura en la Universidad Autónoma de Baja California. Los estudiantes recibieron orientación para planear sus investigaciones y redactar sus textos. Para ello contaron con un acervo bibliográfico que fue reunido por todos los miembros del grupo colegiado. Una vez redactados sus artículos, estos fueron sometidos a una revisión de pares ciegos, con la cual recibieron retroalimentación adicional al de su guía capacitador, para realizar cambios y correcciones. Todos los textos publicados bajo la categoría de «Desarrollando perspectiva» fueron producto de este proceso pedagógico.

Bibliografía

El Mostrador Braga. (20 de abril de 2020). 46% más de carga laboral con teletrabajo: 92% de las mujeres debe cocinar y limpiar mientras teletrabaja. Recuperado el 21 de mayo de 2020, de El Mostrador: https://www.elmostrador.cl/braga/2020/04/20/46-mas-de-carga-laboral-con-teletrabajo-92-de-las-mujeres-debe-cocinar-y-limpiar-mientras-teletrabaja/?fbclid=IwAR0CEk7eyrF3SuzVXYb18gzTlkzMbrRD6gOEFOkmF4c1b6OKAnfv5XFUb0Q

Aguilar, A. R. (3 de abril de 2020). Amaia Pérez Orozco: «Es el momento de garantizar ingresos con una renta mínima, pero a futuro la renta básica no es lo más potente». Recuperado el 21 de mayo de 2020, de Eldiario.es: https://www.eldiario.es/economia/Amaia-Perez-Orozco_0_1011399352.html

AL JAZEERA AND NEWS AGENCIES. (5 de mayo de 2020). Fauci dismisses Trump’s coronavirus Wuhan lab claims. Recuperado el 21 de mayo de 2020, de AL JAZEERA AND NEWS AGENCIES: https://www.aljazeera.com/news/2020/05/fauci-dismisses-trump-claim-coronavirus-started-wuhan-lab-200505170558959.html

Briones, C., & Peretó, J. (21 de abril de 2020). El origen del coronavirus SARS-CoV-2, a la luz de la evolución. Recuperado el 21 de mayo de 2020, de The Conversation US: https://theconversation.com/el-origen-del-coronavirus-sars-cov-2-a-la-luz-de-la-evolucion-136897?fbclid=IwAR0x3_5tDZi6y5iDYTDvOCcHnbUeI0cDykEtkNMbWrg0FKJrV6225Gpnn84

Bryner, J. (21 de marzo de 2020). The coronavirus was not engineered in a lab. Here’s how we know. Recuperado el 21 de mayo de 2020, de Live Science: https://www.livescience.com/coronavirus-not-human-made-in-lab.html

Castillo, N. (3 de abril de 2020). Coronavirus. La pandemia evidencia injusticias del modelo patriarcal. Recuperado el 21 de mayo de 2020, de Ciencia UNAM-DGDC: http://ciencia.unam.mx/leer/990/coronavirus-pandemia-covid-19-evidencia-injusticias-del-modelo-patriarcal?fbclid=IwAR3W1lb4M4oxfFZIq_Gjon1ehPHTXeqPGpR2elQMRBHgVgdDqdLUSTl-XH4

Gobierno de México. (28 de mayo de 2020). ¡Si te cuídas tú, nos cuidamos todos! Recuperado el 28 de mayo de 2020, de Gobierno de México: https://coronavirus.gob.mx/salud-mental/

Trejo, B. D., & López, Y. O. (13 de mayo de 2020). Coronavirus. Efectos psicológicos de una pandemia: el Estrés. Recuperado el 27 de mayo de 2020, de Ciencia UNAM: http://ciencia.unam.mx/leer/995/coronavirus-efectos-psicologicos-de-una-pandemia-el-estres-

Los bilingües: dos lenguas ¿y dos personalidades?

Si tú eres bilingüe, ¿alguna vez has notado que eres más tímido cuando te comunicas en una lengua que en la otra? Quizá sientas que eres más extrovertido cuando, por ejemplo, hablas en inglés que en español, o más grosero incluso. ¿Te ha pasado? Probablemente lo has atribuido a que eres más competente y hablas más fluido en una lengua que en otra. Por supuesto, eso es un factor relevante; pero aún hablantes que dominan un alto nivel de competencia en sus dos lenguas suelen notar que sus actitudes y conductas cambian ligeramente al usar una lengua y luego la otra.

Algunos psicólogos y lingüistas cognitivos, al notar este hecho curioso, se dieron a la tarea de explorar si pudiera ser posible que el uso constante de dos o más lenguas por parte de un mismo hablante en diversos entornos pudiera propiciar el desarrollo de «múltiples personalidades».

No se trata de una sospecha nueva. Desde mediados del siglo XX contamos con estudios de casos de psicoanálisis, por ejemplo el de Buxbaum (1949), Greenson (1950) y Krapf (1955) (citados en Pavlenko, 2005, p. 158), donde los terapeutas descubrieron que sus pacientes preferían tener sus consultas en sus segundas lenguas, y no en sus lenguas maternas, para evitar el recuerdo de eventos traumáticos vividos en la infancia o para evitar síntomas de ansiedad.

Son muchos los ejempos de casos así los que yo podría citar aquí, pero solo mencionaré unos de los más drásticos. Los terapeutas europeos Amati-Mehler, Argentieri y Canestri presentaron en 1993 los casos de 5 mujeres extranjeras que se casaron con hombres italianos, se mudaron a Italia y aprendieron a hablar un fluido italiano. Todas las pacientes empezaron sus sesiones hablando esta lengua. Poco a poco ellas empezaron de manera espontánea a comunicarse en sus respectivas lenguas maternas. Lamentablemente, el uso constante de sus lenguas maternas durante las terapias desencadenó en ellas cambios drásticos de humor y síntomas de crisis psicológicas que estas pacientes ya habían trabajado y superado. En el estudio se cita el caso de una de estas mujeres, chilena, que empezó a sufrir agorofobia y desorientación a partir de su uso del español; y el de una paciente australiana que cayó en un agudo delirio al frecuentar de nuevo el inglés. Los autores interpretaron que en estas mujeres el uso del italiano servía como estrategia discursiva para evitar evocar traumas experimentados en sus países de origen donde, obviamente, se comunicaban en sus lenguas maternas (citado en Pavlenko, 2005, p. 163).


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En todos estos casos, incluidos los de Buxbaum, Greenson y Krapf, los pacientes habían aprendido sus segundas lenguas de forma tardía, o sea después de la adolescencia. Por esta razón hasta entonces los psicólogos habían deducido que estos cambios de «personalidad» se debían al hecho de que para muchos hablantes su lengua materna es la más vinculada a la identidad, a la vida temprana y a las emociones. Se le atribuyó así al uso de una segunda lengua un «efecto de distanciamiento» con el que los hablantes logran hablar más libremente porque se sienten menos apegados a o menos comprometidos con la lengua que están utilizando.

Sin embargo, este supuesto empezó a ponerse en duda cuando otros profesionales empezaron a explorar los cambios de personalidad en sujetos bilingües saludables y mentalmente estables. En 1990, Guttfreund publicó los resultados de un estudio donde aplicó tres cuestionarios destinados a medir niveles de ansiedad y predisposición a la depresión a 80 hablantes bilingües español-inglés e inglés-español. Independientemente de la lengua materna de los sujetos, todos resultaron ser más ansiosos y propensos a la depresión cuando contestaron los exámenes en español, que cuando los contestaron en inglés (citado en Pavlenko, 2005, p. 167).

Por otra parte, en un estudio más reciente, Veltkamp, Recio, Jacobs y Conrad (2012) exploraron la posibilidad de que la lengua juegue un papel en la modulación de la personalidad y realizaron un estudio similar al de Guttfreund para corroborarlo. Ellos aplicaron cinco exámenes que evaluaban cinco aspectos diferentes de la personalidad (neuroticismo, extraversión, franqueza, simpatía y condescendencia) en 40 hablantes bilingües de alemán-español y en 28 hablantes de español-alemán. Todos los participantes sacaron mayor puntaje en neuroticismo y extraversión cuando se les aplicó el examen en español, y mayor puntaje en condescendencia cuando contestaron el examen en alemán (Veltkamp et al., 2010, p. 501). Además de haber comprobado que elegir una lengua sobre otra para comunicarse sí puede modular la personalidad, Veltkamp et al. concluyeron que este aparente cambio de personalidad se debe a un cambio simultáneo de esquemas de valores culturales atribuidos para cada lengua por parte de los hablantes. Así, el usar una lengua frecuentemente dentro de un entorno particular a la larga lleva a que los hablantes vinculen fuertemente a la lengua con los valores, actitudes y prácticas socio-culturales de dicho entorno. Al hacer uso de una lengua dada, ellos asumen una determinada postura cultural y esto se ve reflejado sutilmente en su conducta y, consecuentemente, en su personalidad.

Entonces se dejó de hablar de un efecto de distanciamiento motivado por la lengua materna y se pasó a hablar de un «efecto de la lengua», que pudiera entenderse como un «efecto sociocultural  de cada lengua». Si una persona vive por unos años en un país donde aprende que ciertas conductas son más apreciadas y valoradas, es altamente probable que las asuma al hablar en la lengua nativa del país en cuestión para «encajar» socialmente. Si después se muda a otro país donde se habla otra lengua y ahí no se valoran las mismas conductas, así mismo es probable que este hablante abandone esas conductas y actitudes al hablar esa segunda lengua.

Podemos ilustrar este fenómeno con un último ejemplo. En un estudio de 2004, Panayiotou pidió su opinión a 5 hablantes bilingües griego-inglés y a 5 inglés-griego acerca de una misma historia relatada en dos versiones culturales: la de Andy, un americano, y la de Andreas, un chipriota que vivió primero en Estados Unidos y luego en Chipre. El protagonista de la historia era un exitoso hombre de negocios tan trabajador que había perdido contacto con sus familiares y amigos más cercanos. Los 10 participantes en el experimento leyeron la historia en inglés y un mes después la leyeron en griego. Todos mostraron preocupación por Andreas, pero indiferencia o desaprobación hacia Andy. Algunos participantes mencionaron que incluso cuando piensan en la imagen de una «madre negligente» suelen juzgarla de manera diferente en el contexto americano y el chipriota. El resultado del análisis de Panayiotou indica que cada caso fue conceptualizado por los sujetos, con base en la lengua, a partir de imágenes, creencias y valores socioculturales diferentes a pesar de tratarse de la misma situación (citado en Pavlenko, 2005, p. 125). Por eso mismo se nota el «cambio de personalidad» cuando las personas alternan de una lengua a otra.

Las «personalidades múltiples» de los bilingües y multilingües se entenderían así como el síndrome de «cuando vayas a Roma actúa como los romanos», una adecuación al contexto. Los bilingües son, por ende, personas biculturales también. Aunque me gusta como suena bilingües biculturales y bi-personalidades. Suena más impactante. ¿No crees?

Bibliografía:

Pavlenko, A. (2005). Emotions and Multilingualism. United Kingdom: Cambridge University Press.

Veltkamp, G. M.; Recio, G.; Jacobs, A. M.; Conrad, M. (2012). Is personality modulated by language? The International Journal of Bilingualism 17(4), p. 496-54.

Habla materna: ¿Hace daño hablar “chiqueado” a los niños?

Por más que alguien se resista a «simplificar» su habla y agudizar su tono de voz frente a un bebé, resulta que estamos biológicamente destinados a hacerlo.
Nadie nos enseñó cómo hablarle a los bebés, pero las madres tenemos la carga genética y biológica necesaria para saber cómo hablarle a nuestros críos y así llevarlos a que aprendan a comunicarse para sobrevivir. Instintivamente le hablamos «chiqueado» a los bebés.

Se le llama habla materna, motherese (maternés en español) o baby talk al habla que los padres o cuidadores dirigen a los bebés y niños pequeños. Esta forma de comunicación se distingue por un tono especialmente agudo y una simplificación gramatical de la lengua caracterizada por la predilección de frases y oraciones cortas, el uso de sustantivos concretos en lugar de abstractos o descripciones complejas, la selección de nombres propios y apelativos sobre pronombres, la formulación frecuente de preguntas breves, etc.

Mediante el motherese, el bebé desde que nace va aprendiendo muchos principios de interacción humana que asentarán las bases para su adquisición del lenguaje. Por ejemplo:

  • El bebé aprende a distinguir cuándo le hablan a él y cuándo no. Sabe que cuando las voces de sus cuidadores se hacen agudas, la interacción está dirigida hacia él y presta más atención.
  • Poco a poco, el bebé empieza a reconocer también lo que son los turnos de habla. Comienza a notar que, después de que se le dirige una cadena de sonidos con una entonación ascendente al final (las preguntas en el español, por ejemplo), se destina un momento de silencio para esperar una reacción de su parte. Así él empieza a entender que existe la expectativa de que él también participe activamente en la interacción.
  • Otra tarea muy importante que lleva a cabo el bebé mediante el motherese es la toma de estadísticas de los sonidos de la lengua de sus cuidadores. Naturalmente, ningún bebe nace sabiendo cuál es la lengua (de las más de 7 mil que existen en el mundo) que está destinado social y geográficamente a aprender. Por eso mismo, el bebé recién nacido es capaz de discernir todos los sonidos de cualquier lengua, pues todavía no está condicionado a preferir unos sonidos sobre otros. El bebé pudiera tener a su mamá hablándole en español, a su papá hablándole en inglés, a su hermano en francés y su niñera en alemán (por poner un ejemplo drástico), y él se dedicaría a tomar estadísticas de cada lengua, y, al poco tiempo, sabría perfectamente identificar cuál es cuál y relacionarla con la persona que la habla. ¿Cómo hacen esto los bebés? Cada vez que alguien les habla, especialmente la mamá, el bebé se fija en cuáles son los sonidos más frecuentes y dónde se encuentran estos en la cadena hablada con base en la entonación y las pausas. A esto se le llama aprendizaje estadístico. Este trabajo lo desarrolla todo el tiempo, desde que nace, de manera que, antes de haber cumplido su primer año, ya reconoce los sonidos de su lengua materna… pero ya no presta atención ni distingue tan fácilmente los sonidos de cualquier otra lengua. Hasta entonces el bebé ya fue predispuesto, socialmente hablando, a preferir la lengua que le es más familiar que cualquier otra.

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De esto se deduce que entre más se le hable al niño, mejor estimulación tendrá y más rápido podrá adquirir estos conocimientos.

Algo desaconsejable, sin embargo, es que una misma persona acostumbre a hablarle al bebé en 2 o más lenguas diferentes de manera arbitraria, pues esto dificulta su toma de estadísticas y le evita aprender contextos diferentes de interacción.

Entonces, ¿le hacemos daño a los bebés cuando les hablamos en motherese? No, pero… podría llegar un punto en el que sí.

Tal como estamos biológicamente programados para hablar motherese a los bebés, también lo estamos para ir aumentando la complejidad de nuestro habla según los avances que vaya mostrando el niño en su adquisición de la lengua. De forma inconsciente los adultos adaptan su motherese al habla del niño, y así, juntos, papás e hijos van colaborando en esta proeza que es el aprender a comunicarse e interactuar en sociedad.

Si uno de los cuidadores fallara en este gradual aumento de la complejidad de su habla hacia el niño, a este último le estarán faltando los estímulos apropiados para que siga avanzando en el desarrollo de su lenguaje. Un problema así podría ser notorio a partir de los dos años de edad del niño.

Antes de concluir, quiero hacer una aclaración. El motherese NO consiste en imitar al niño. O sea, si el bebé le dice «tete» a la leche, hablar motherese no es llamarle «tete» a la leche. El bebé produce la palabra «tete» a partir de escuchar frecuentemente la palabra «leche». Si uno le empieza a hablar de «tete», el niño se confunde porque asume que está escuchando una palabra nueva. Si llega a pensar que «tete» y «leche» son sinónimos y formas igualmente aceptables de la palabra, dejará de esforzarse por decir «leche» bien por un «pequeño» malentendido.

El motherese es una gran herramienta, entre muchas otras más no discutidas aquí, de las que se vale el niño para aprender, no solo a hablar, sino a interactuar y vivir en sociedad. Podemos estar tranquilos sabiendo que nuestra forma anormalmente aguda y simplificada de hablarle a nuestros niños no es una excentricidad, sino un mecanismo biológicamente programado que instintivamente usamos para consentir, amar y ayudar a nuestros hijos en su desarrollo.

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El chisme como estrategia de poder

La lingüista Deborah Tannen habla de la percepción del chisme como algo malo. En su libro You Just Don’t Understand! relata lo que un hombre le dijo acerca de su concepto de «chisme».

Para ti parece ser una discusión de detalles personales sobre gente conocida para los interlocutores. Para mí es una discusión de debilidades, defectos de carácter y fracasos de terceras personas para que los participantes en la conversación puedan sentirse superiores a ellas. Esto me parece indigno, por lo tanto, el chisme es malo (Tannen, 2007, p. 119).

Por su parte, Nicholas Emler se ha referido al chisme como algo que no contribuye en nada de valor a los asuntos humanos (citado en Locke, 2011, p. 109). Sin embargo, múltiples estudios de antropología, comunicación y lingüística han corroborado que el chisme sirve para varias funciones muy importantes en nuestra sociedad.

De hecho, los primeros registros históricos con los que contamos del chisme, que datan de 1560 en adelante, ya evidenciaban algunos de las ventajas sociales y hasta biológicas de este fenómeno comunicativo para las mujeres.

En el siglo XVI, en Francia e Inglaterra se acostumbraba hacer un ritual femenino colectivo cada vez que una mujer iba a dar a luz. Antes del nacimiento del bebé, entre 6 y 12 mujeres eran invitadas a la casa de la futura madre para ayudar con las labores del hogar y del parto. Ser invitada a este evento era un verdadero honor y no ser invitada podía representar una seria ofensa. Estas mujeres se recluían en una habitación, tapando ventanas, cerrando puertas y cubriendo cerraduras, y mantenían animada a la mamá dándole un vino dulce y condimentado. Las invitadas y la partera eran testigos del nacimiento y bautizo del bebé, y hacían el rol de «tías-madrinas» («god-siblings«). Estas nuevas tías-madrinas se quedaban en la casa de la mamá inclusive después de nacido su bebé y le ayudaban con sus cuidados. Ellas estaban haciendo «god-sibbing». De ahí viene la palabra en inglés para este ritual femenino: «gossiping» o «gossip»; el chisme (Locke, 2011, p. 103 y 104).

En nuestra cultura moderna, una actividad así podría ser una gran intromisión para nosotras (¿a quién de ustedes le gustaría tener a 12 mujeres metidas en su casa por un mes o más de tiempo?), pero en ese entonces, además de tratarse de un valioso apoyo psicológico entre mujeres, constituía un gran recurso biológico: facilitaba la sobrevivencia de madres e hijos en una época en la que no había atención hospitalaria para las parturientas.

Ahora bien, la supervivencia de madres y bebés ya no depende de nuestro gusto por el chisme, pero sí dependen de él otros aspectos del orden social. Mediante el chisme, las mujeres establecen y mantienen sus lazos de amistad. Al compartir información acerca de sus vidas «privadas» y las de otros, las mujeres crean intimidad, complicidad y afiliación. Estas relaciones, obtenidas también con el habla aparentemente superflua como el small talk (por ejemplo, hablar sobre el clima) logran lo que se conoce como la función de comunión fática (phatic function) del lenguaje. En otros ámbitos, como la psicología, el hecho de hablar para «pasar el rato» de forma amena y cómoda se le llama rapport. Si prestas atención a cómo interactúas con otras personas, te darás cuenta de que invertimos mucha energía, tiempo y saliva en intercambiar frases de contenido poco o nada informativo ni relevante. Queremos estar con el otro llenando de discurso los silencios para sentirnos y hacer sentir al otro más cómodo y bienvenido a «nuestro espacio», por así decirlo. Pues bien, muchísimo de ello interviene cuando un grupo de personas chismea. Más que intercambiar información jugosa de la vida de otros, las mujeres se sumergen en un ritual donde rinden culto a su cercanía, a su amistad.

Al respecto, John Locke opina que las mujeres suelen hablar entre sí como si se tratara de un dueto: las mujeres colaboran en la interacción aportando material de manera que se sostenga el tema del «mitote» (como dicen en México). Si alguien comparte un detalle de su vida privada, la otra comparte un detalle de su vida similar. Así ninguna queda en desventaja por su vulnerabilidad. Es como una negociación de intimidad. La interacción entre hombres no suele ser así.

Las mujeres están . ..  unidas por su inherente complicidad. Y lo que más buscan entre ellas es la afirmación del universo que tienen en común . . . Ellas comparan experiencias: embarazos, partos, sus enfermedades y las de sus hijos, y cuidados del hogar se convierten en los eventos esenciales de historia humana (Simone de Beauvoir, The second sex, citado en Locke, 2011, p. 117).

Por otra parte, el chisme sirve como una poderosa estrategia de control social. Las mujeres fungen como censores de la moralidad. Como dijo Simone Beauvoir, con el chisme las mujeres reafirman los valores e ideologías que comparten. Cuando notan que un miembro de la comunidad se ha salido del «buen actuar» según los criterios del grupo, las mujeres proceden a castigar a esa persona para que esta «enderece su camino». Por ejemplo, Marjorie Harness Goodwin en un estudio sobre el juego entre adolescentes y pubertos descubrió que cuando la conducta de una chica es mal vista, las otras chicas la ignoraban completamente por un mes y medio (citado en Tannen, 2007, p. 108). Christine Cheepen habla también del chisme como una forma de «restablecer el equilibrio del poder». Ella le llamó «scapegoat» al tipo de chisme donde se habla negativamente de una persona no presente con el objetivo de quitarle autoridad (citado en Tannen, 2007, p. 120).

Pero nadie sufre tanto el poder del censor moral que carga el chisme como los hombres infieles. Nada es tan amenazante para un hombre como la idea de que se divulguen a sus espaldas sus deficiencias e infidelidades en la cama. La evidencia de este miedo en los hombres se puede apreciar desde hace siglos. En 1568, consejeros de Leicester, Inglaterra, votaron para limitar a 12 el número de mujeres que podían ser invitadas a las reuniones en espera de un nacimiento (David Cressy citado en Locke, 2011, p. 112). En 1675, el rey Carlos II de Inglaterra mandó cerrar las cafeterías alegando que se había descubierto que en ellas se difundían «falsedades calumniosas» (Sommerville citado en Locke, 2011, p. 112). En Suiza el rey las cerró también advirtiendo de repente que el café era «malo para la salud» (Oldenburg citado en Locke, 2011, p. 112).

Aunque el chisme es concebido como una actividad esencialmente femenina, se ha comprobado que los hombres también chismean, pero menos que las mujeres (Bischoping 1993 y Locke 2005 citado en Locke, 2011, p. 115). Lo que las mujeres logran con el intercambio de detalles de vidas privadas, los hombres lo logran en parte al compartir su conocimiento de política, noticias y deportes, solo que ellos lo hacen para negociar estatus y poder, no intimidad como las mujeres. Pero de eso puedo hablar en otro post si de verdad te gustó este.

Creo que con todo esto podemos concluir que el chisme no es una práctica inútil ni una pérdida de tiempo. Mediante el chisme se establece rapport, se fortalecen los lazos de amistad y complicidad, se afirman las posturas ideológicas, se vigila el seguimiento a la moral, se equilibra el poder y se ejerce control social. Con razón los hombres del siglo XVI le tenían pavor a los grupos de mujeres reunidas platicando. El chisme podría ser muy peligroso para algunos, pero definitivamente es muy divertido, satisfactorio y conveniente para nosotras.

A la siguiente vez que invites a tus amigas a chismear, bien podrías estarlas invitando a restablecer el orden al mundo 😉

Bibliografía:

LOCKE, J. L. (2011) Duels and Duets: Why Men and Women Talk So Differently. Cambridge, UK: Cambridge University Press.

Tannen, D. (2007). You Just Don’t Understand: Women and Men in Conversation. New York: William Morrow.