Cinta «500 días con ella», un reflejo de las relaciones juveniles

Emiliano Vidal Tavera
emilianovidalt@gmail.com

Hace dos años, mientras observaba las actualizaciones de mi muro de Facebook, descubrí una imagen que citaba correctamente un fragmento de la película producida por el director Marc Webb en el año 2009, “500 días con ella», la cual trata acerca de la relación afectuosa entre dos chicos, Tom Hansen y Summer Finn, interpretados por los actores Joseph Gordon y Zooey Deschanel, respectivamente. La trama que se nos presenta es simple en primera instancia: Tom es un arquitecto que pasa sus días trabajando en una tienda de tarjetas de felicitación debido a su falta de oportunidades laborales. En un día rutinario conoce a Summer, una chica que empieza a trabajar como asistente de su jefe. El interés surge y con ello un aire de confusión, desesperación y felicidad en torno a los dos personajes. Toda la narración de la película se desarrolla desde la perspectiva de Tom, quien empieza a analizar el momento en el que las cosas empezaron a salir mal con Summer, después de que su corta “relación sentimental” terminara.

La primera vez que la mayoría vimos la película, pensamos directamente que la responsable y la “villana” de la trama no era nadie más que el personaje de Summer, ¿verdad? Esto se percibe así porque, durante toda la cinta, la historia se narra desde el punto de vista de Tom. Todos los escenarios, ambientes físicos y psicológicos están siendo demostrados desde la perspectiva del chico y nunca nos documentan cómo Summer se siente al respecto con su relación ni nos dan un trasfondo de la evolución del personaje en relación a los 500 días en que ellos conviven, a como sí sucede con el personaje masculino.

He tenido la oportunidad de observar que gran parte de mis conocidos sostienen firmemente el argumento de que la chica era la villana de la película alegando incluso como tesis clara a su análisis preliminar la idea de que en esta etapa de juventud en la que muchos estamos viviendo por lo menos debemos conocer y enamorarnos de una Summer en algún punto de nuestra vida. Después de meses de formular mi propia postura al respecto, he establecido que el efecto de esta idea es el resultado, no del desinterés de las mujeres hacia el sexo masculino, sino de la inmadurez que muchos varones pueden demostrar en el proceso de la construcción de vínculos amorosos.

¿De qué manera sucede esto? Muy sencillo; vamos a demostrarlo juntos analizando la actitud de Tom durante la película. Uno de los primeros problemas que notamos al comienzo de la cinta es que el chico se mantiene en una manía constante de idealizar a la mujer de sus sueños, y esto lo observamos incluso cuando empieza a convivir con Summer, ya que Tom nunca se toma la oportunidad de conocerla totalmente. Los hechos empiezan a transcurrir en un paralelismo de sus anhelos y sueños, ignorando por completo la idea de conocer a la chica de forma íntegra y nunca tomando en cuenta su opinión o necesidades en esos meses en los que ellos conviven.


La mente es un arma tan poderosa que nos permite en muchas ocasiones imaginar escenarios en donde gozamos de una felicidad eterna; idealizamos a personas y esperamos con ansias encontrar aspectos así en el mundo real. Cuando conocemos a alguien es común que al principio tengamos una idea previa sobre la actitud de dicha persona, es así que la mayorías de las veces nos decidimos a acercarnos a algunas, pues la curiosidad es la herramienta con la que el ser humano descubre y experimenta. Lo mejor de conocer a una persona empieza cuando nos desprendemos de esa idea o expectativa que teníamos acerca de ella y empezamos a entender la razón de por qué tiene días tristes o felices, pues comprendemos que lo mejor de interactuar con personas reales es que aprendemos más sobre nosotros mismos y vivimos en una suerte de imprevistos capaces de sorprendernos todos los días con algo nuevo. Tom convivió con Summer desde una aproximación superficial, olvidando por completo la idea de experimentar sus actitudes y los escenarios espirituales que ella podía ofrecer.

Uno de los motivos por los cuales el protagonista empieza a idealizarla como ser perfecto es la influencia cinematográfica que él experimenta desde muy pequeño, pues al inicio de la película se nos dice que la razón por la cual Tom vive en ese ambiente de estereotipos en relación al amor es por una errónea enseñanza que obtuvo después de ver la película del “Graduado”, drama de 1967 que demuestra firmemente que las acciones realizadas por un impulso de inconsciencia en la vida pueden generar arrepentimiento e incertidumbre en nuestros actos futuros. Tom no pone la suficiente atención a la escena final de ese filme y termina creyendo ciegamente en la idea de que los finales felices siempre existirán en el mundo real y que los sentimientos negativos como la duda y melancolía no tienen lugar en nuestra vida debido a que todo está destinado a ser, siempre que se hable del amor.

¿Cuántos de nosotros no hemos pasado por lo anterior? En gran parte de nuestra juventud hemos crecido con romances de televisión y cine, observando obras como “Love Rosie”, “El diario de una pasión”, “Big fish”, o incluso leyendo otras realizadas en siglos pasados como Orgullo y prejuicio”, “El amor en los tiempos de cólera”, “Rayuela”, entre muchas más, en las que frecuentemente nos tratan de transmitir la idea de que toda nuestra vida está dirigida por una fuerza capaz de emparejar y agrupar a dos personas que pudieran o no tener cosas en común, con el fin de conocerse y crear un vínculo amoroso que los llevará a un final feliz a corto o mediano plazo. Nos intentan dar a entender que nuestras acciones están orientadas gracias al famoso “destino”.

¿Qué es el destino? Muchos suelen describirlo como un motor inmóvil y otros como parte de una escritura divina que está dispuesta para encontrar a nuestra “media naranja”. Sinceramente, desde mi punto de vista, considero que el destino es un concepto creado a partir de la idea de romantizar las coincidencias terrenales que el hombre experimenta a lo largo de su vida, pues no hay nada más ideal para los romances juveniles que decir “estamos destinados a estar juntos” o “estábamos destinados a encontrarnos”. En la vida nada está escrito, por lo que, en cuestión a nuestra formación amorosa, todo está construido a partir de simples coincidencias. No por encontrar a una persona con gustos musicales similares a ti, en una tarde de lluvia en la terminal de camiones más cercana a tu escuela, significa que están destinados a conocerse o que ambos deben estar juntos sin importar nada. Recordemos que en el estudio del desarrollo humano, el destino se compone de tres aspectos muy importantes: el contexto, la herencia y la actitud, por lo que, en el desenlace de la vida, dependes tan sólo de tus propias acciones para guiarte al “final feliz” que tanto anhelas en tu interior.


El último punto se encuentra dirigido al término de la “media naranja”, el cual es un concepto que desde chicos se nos ha vendido como la idea de buscar a una pareja con el fin de complementarse uno al otro, algo que en mi perspectiva es muy erróneo. No complementes o seas el medio faltante para formar el entero. Ayuda a crecer, experimentar y aprender de los aspectos positivos de ambos, pues, ante todo, hay que reconocer que no hay persona que muera de soltería y que el primer paso para ser amado por otros es empezar por uno mismo sin depender de nadie más. Nadie te complementa, tú lo haces desde el primer momento en que aceptas lo mucho que vales. Tom desde el primer instante en que empieza su romance con Summer la ve como una persona esencial para su felicidad diaria e incluso llega a pensar que sin ella él no podría hacer y ser nada en el mundo. Esta idea lo hace cegarse en muchas de las situaciones en la que la chica le deja en claro que no busca nada serio y que no está interesada en una relación, justificando dentro de su mente que ella es la persona a la que tanto había esperado y que depende de ella para continuar su día a día.

Considero que al entender erróneamente el mensaje de esta película estamos viviendo la misma experiencia que Tom vivió con el «Graduado”, ya que en nuestro papel de adolescentes optamos por usar a la televisión, el cine y los libros de romance como únicos referentes para aprender acerca de las relaciones amorosas, el sexo o incluso el simple concepto del amor debido a la falta de fuentes para informarnos más a fondo sobre estos temas, generando numerosos anhelos, sueños y expectativas que contrastan negativamente con la realidad que vivimos día a día en el mundo. Los relatos de amor presentados en estas historias son ficción debido a que no buscan enseñar, sino ilusionar.


Mi conclusión con respecto a la trama de 500 días con ella” es que ni en la película como en la vida real existen un villano y una víctima en el amor, pues uno debe decidir en dónde y cuándo quedarse en los diferentes casos que la vida nos presente a lo largo de los años.

Hay que tener algo muy en claro: uno de los costos de las relaciones afectivas y del desarrollo dentro de una sociedad es que estamos expuestos a imprevistos que pueden cambiar nuestro camino en cualquier momento. Debemos comprender que durante gran parte de nuestro crecimiento como personas vamos a conocer a decenas de individuos, los cuales van a compartir muchas cosas en común con nosotros y que tan sólo serán un peldaño en el escalón que nos lleve hacia la madurez y el autorreconocimiento que tanto nos espera en un futuro.

No trates de hacer mimesis de los romances más famosos de los medios de comunicación, crea tus propias historias y tramas sobre lo que para ti es el concepto del amor, ya que el primer paso para encontrar una definición adecuada sobre este término es empezando a observar dentro de nosotros mismos y hacernos valer por lo que somos capaces de generar y compartir por este sentimiento.

*Este texto forma parte de un segmento de nuestro página, titulado “Desarrollando Perspectiva“, un espacio donde estudiantes de preparatoria y universidad pueden publicar sus textos, guiados por un tutor. Los estudiantes recibieron correcciones, observaciones y recomendaciones para redactar sus textos, y estos son publicados tras el visto bueno del tutor. El tema escogido, así como sus planteamientos, responde enteramente a los intereses y sentido crítico de los estudiantes.

Gen Z: ¿Qué vas a ser de grande?

Michel Landa Puch
landapuchmichel@gmail.com

A todos nos preguntaron qué queríamos ser de grandes cuando éramos niños. Dependiendo de tu edad y contexto sociocultural, tú que estás leyendo esto quizá pudiste responder que querías ser bombero, contador, doctor, abogado, futbolista, ingeniero en sistemas, diseñador gráfico o youtuber. No es sorpresa que haya cambios en estas decisiones entre generación y generación, pues han surgido nuevos trabajos gracias al desarrollo tecnológico. A mí me habían hecho esa pregunta varias veces a lo largo de mi niñez y pubertad, pero no fue hasta el último año de secundaria que realmente comenzó a preocuparme, y no en mal sentido, sino que tuve realmente noción de la importancia que le tengo que dar a mi respuesta. Afortunadamente yo tomé mi decisión en ese tiempo, incluso antes de ser consciente de que realmente era la correcta para mí. Pero la pregunta siguió apareciendo en mi vida en la preparatoria, con letras cada vez más grandes y haciendo cada vez más eco, haciendo tambalear mi decisión. Comenzó a ser un tema de conversación frecuente con mis amigos y compañeros, hasta ser una de las primeras cuestiones que surgen cuando empiezas a conocer a alguien. Entonces me di cuenta de que había dos tipos de personas, y suena a meme pero no lo es, es de hecho, anécdota.

Para confirmar mi hipótesis, antes de empezar a escribir les mandé mensaje a amigos y compañeros, todos contemporáneos míos, preguntándoles acerca de su trayectoria para descubrir su vocación, y también les pedí que le hagan la misma pregunta a sus padres o algún adulto cercano. Entonces, lo confirmé, pues las posturas se encuentran divididas casi por mitad. Primero están las personas que desde muy temprana edad supieron qué era lo que querían, ya sea porque supieron específicamente qué carrera o la cambiaron ligeramente, pero dentro de la misma área, y siguen firmes en su decisión apuntando a su meta; a estas personas las admiro y las envidio por estar tan seguras de su decisión. 

Luego están las personas que representan poco más de la mitad, que les costó mucho escoger una carrera, personas que incluso a finales del cuarto semestre de preparatoria no estaban seguros de qué les motivaba o gustaba hacer y ya estaban siendo presionados para escoger materias optativas alineadas a un área de interés, como si al llegar a determinada edad todos alcanzaran simultáneamente el mismo nivel de madurez y autoconocimiento aun creciendo en contextos con condiciones familiares, económicas e ideológicas diferentes.

Antes de haber tomado mi decisión, honestamente cambiaba de opinión mínimo cada año, y me sentía culpable porque, cuando me llegaba el golpe de realidad, me daba cuenta de que no había tomado aún una decisión, que al parecer es de las más importantes de mi vida. Y nunca olvidaré la vez que escuché por ahí la frase “Los jóvenes no saben lo que quieren”, me dio un golpe justo en el centro de la cara y quebró mi seguridad.

Y no es algo nuevo, algunos padres de mis compañeros que muy amablemente respondieron a la pregunta dijeron haber tenido varios cambios de vocación incluso después de haber elegido su carrera. Y es que se toma la decisión en un intento de controlar el futuro, aunque se sabe que no se puede, y menos cuando lees esos cientos de artículos en internet que señalan que los trabajos del futuro aún no existen, pues los trabajos tradicionales que antes aseguraban una buena calidad de vida, hoy se encuentran saturados generando más competencia entre los egresados o están simplemente siendo desplazados. Mucho menos cuando pones las noticias y te enteras de que el mundo se está consumiendo y aquellas figuras de autoridad que enuncian que somos el futuro del país no están haciendo algo al respecto, y somos nosotros, los que nos quedaremos en este mundo unos años más, quiénes intentamos hacer algo…pero eso ya da para escribir otro artículo entero. 


Creo que todos somos el resultado de las vivencias y experiencias que tenemos, y nuestras decisiones dependen directa e indirectamente de eso. Me di cuenta de que la mayoría de los padres tomó su decisión bajo ciertas condiciones, no sólo porque antes existían campos de trabajo bien delimitados, sino porque precisamente esto era consecuencia de la manera en la que escogían su vocación. Por ejemplo, si crecían en una familia de doctores, lo más probable era que se dedicaran a eso, y no quiere decir que se hayan equivocado, su contexto los hizo ser amantes de la medicina. También, por otro lado están los que estuvieron condicionados a tomar su decisión por lo que su contexto económico les indicaba, como la disponibilidad de determinadas profesiones en su comunidad u optar por la que promete un mejor ingreso económico. Estos aspectos ponen en evidencia que no se le tomaba mucha importancia a la opinión del joven a la hora de elegir su vocación. Las personas concibieron la idea de trabajo como un medio para mantener o alcanzar cierto nivel de calidad de vida, que muchas veces ya estaba predestinado.

Hoy afortunadamente tenemos materias como Orientación Vocacional donde el sistema parece tomar más en consideración nuestro punto de vista porque al fin y al cabo se trata de nuestra vida. Quizá también porque un país con personas haciendo lo que les gusta tenga una mejor calidad laboral que personas que trabajan por dinero esperando a que lleguen las vacaciones.

Nos dicen que la decisión recae en nosotros y en lo que nos apasiona. En nosotros que, para bien o mal, crecimos en un mundo conectado, escuchando la música que hacía alguien en su habitación en un país al otro lado del mundo, viajando a través de una pantalla, escuchando historias de personas que hablan otros idiomas, y de alguna manera nos sentíamos identificados porque nosotros las escogemos. Como resultado no tenemos solo un modelo a seguir, una sola cosa que nos inspire; tenemos miles. Y puede ser que de todas esas solo una sea la indicada, una entre tantas. Creo que algunos se tardarán un poquito más para encontrarla. Aquí es cuando surge el mayor conflicto, pues nuestro sentido de conectividad no coincide con los estándares laborales de nuestro país. Algunos se encontrarán con que eso que les apasiona es concebido por no ser un trabajo serio, estable y bien pagado y optarán por dejar de alimentar esa habilidad en potencia. Por otro lado, surgen personas que simplemente no tienen una sola vocación predestinada, sino varias; por eso es que cada vez surgen trabajos más complejos que es difícil posicionarlos en una sola área, y son precisamente estos los que serán los más demandados en el futuro.

Nuestra generación se halla obligada a buscar un balance entre lo que le apasiona y lo que le promete un buen futuro para tomar una decisión, pero todo esto en medio de un proceso de transición en el que sentimos la presión de la generación anterior por irnos a la segura y donde las opciones disponibles son demasiado encasilladas para lo que promete el futuro del mundo laboral.

Sé que soy muy joven, pero también sé que por eso hablo por otros como yo y me dirijo a ellos, para que no tengan miedo de responder “No sé” cuando les pregunten qué quieren ser, porque está bien no saber, está bien tomarte el tiempo, está bien cambiar de opinión, o ¿acaso crees que un ser tan complejo nazca con la capacidad de tener solo un propósito en la vida?

*Este texto forma parte de un segmento de nuestro página, titulado «Desarrollando Perspectiva«, un espacio donde estudiantes de preparatoria y universidad pueden publicar sus textos, guiados por un tutor. Los estudiantes recibieron correcciones, observaciones y recomendaciones para redactar sus textos, y estos son publicados tras el visto bueno del tutor. El tema escogido, así como sus planteamientos, responde enteramente a los intereses y sentido crítico de los estudiantes.

El mito de la generación de cristal

Nahum Chuil López
nahum_chuil@hotmail.com

Cuando hablamos de las relaciones que se establecen entre los grupos generacionales que componen una sociedad, rápidamente somos asediados por estampas pintorescas. Solemos pensar que hay dos grandes generaciones que están destinadas a combatir por representar los intereses antagónicos de la novedad y la tradición; que los mayores siempre observan como rebeldes sin causa a los jóvenes y éstos como anacronismos vivos a los primeros.

Sin embargo, basta una mirada detenida para darse cuenta que ello no es así. Coincidencias, contradicciones, acuerdos temporales de intercambio de significados, resignificación de prácticas simbólicas, diálogo, pero también enfrentamientos discursivos sin tregua entre generaciones, son ingredientes que configuran buena parte de la vida cotidiana en una sociedad.

Hoy, podemos observar uno de esos fenómenos que nos hacen comprender que el comportamiento ínter generacional de una sociedad es mucho más complejo que el imaginario común existente sobre el tema: la aparición de un discurso de rechazo hacia la «generación de cristal».


El término se emplea para referirse despectivamente a un creciente segmento poblacional cada vez más consciente de la necesidad de enarbolar la bandera del respeto a la diversidad como un imperativo para la convivencia social de nuestros días. Esta mentalidad obedece a múltiples factores que se presentan en diferentes esferas sociales. Entre ellos podría hablarse de la revolución en el mundo de las leyes por la consagración de los derechos fundamentales; la mejora paulatina de los sistemas educativos; pero sobre todo por el enorme horizonte de opciones de contenidos y formas de comunicación ofertados por Internet (y que gradualmente se disemina más debido a la expansión de la conectividad) que familiarizan más a los individuos con otras formas de entender la vida.

Sin embargo, existe también la otra cara de la moneda: mujeres y hombres quienes, anclados en los prejuicios sobre los cuales han cimentado su percepción del mundo, adjetivan como «generación de cristal» a quienes pugnan por respetar cada uno de los múltiples estilos de vida que coexisten dentro de nuestras sociedades.

Así, es común asistir en redes sociales a polémicas entre estas dos visiones del mundo, con sus respectivos matices, acerca de muchos temas: aborto, machismo, clasismo, xenofobia, identidades y preferencias sexuales, racismo, migración, entre otros. En la mayoría de los casos, estas polémicas surgen y se extinguen a los pocos minutos u horas; sin embargo, van consolidando la narrativa de «una generación» de espíritu débil que se queja por todo y de todos.

Pero dejémoslo claro: la generación de cristal es una entelequia, un fantasma depositario de los temores y odios más arraigados de individuos de todas las generaciones vivas de todos los países y continentes del mundo. La generación de cristal es un muro baldío pintado con la sangre frustrada del puño de quienes no entienden la libertad de autodeterminación.


Con el afán de simplificar la realidad para hacerla asequible a los propios horizontes mentales, se olvida que la evolución del conocimiento del ser humano se ha producido precisamente por la superación de esquemas conceptuales que se creían suficientes para explicar el funcionamiento del mundo. Piaget y su escuela aborrecerían tal terquedad.

Quienes condenan a «la generación de cristal» son la contradicción misma: buscan estabilidad en sus vidas como una especie de fijación inconsciente que pareciera recordarles la angustia de los errantes días del nómada; pero el nomadismo conceptual es una constante en la era de la globalización en la que viven, y de la cual se sirven cuando les conviene. Conceptos desaparecen, conceptos surgen o se reformulan todos los días, materializando en la selva de los signos aquello que Charles S. Peirce denominara la semiosis infinita.

Uno quisiera buscar un asidero. Uno quisiera ser como Descartes para hallar una piedra primera o verdad incuestionable que fuera nuestro refugio ante la ventisca de ideologías y estilos de vida que pueblan nuestro entorno. Pero incluso para el cristianismo, la narrativa aparentemente más estable de occidente, Jesús vino a este mundo a ajustar / abolir La Ley, declarando el arrepentimiento, que a final de cuentas es un cambio, como el inicio de una nueva vida. Entonces ¿por qué la rabia hacia quienes disienten de las formas en las que tradicionalmente construimos nuestra percepción de la diversidad? ¿No ameritarían éstas un cambio acorde a las nuevas realidades que se rehúsan a encajar en los moldes evanescentes de «la normalidad»?

Este odio hacia «la generación de cristal» trasluce el miedo a perder el control sobre las cosas que parecen estables en nuestro mundo. Es una preocupación casi primitiva; por lo mismo, es un odio que no puede ser asociado a un simple conservadurismo que añora tiempos pasados «porque fueron mejores», sino que atraviesa cada capa socioeconómica, bando político, edad, sexo, incluso gente destacada en ámbitos académicos y científicos.

Disponible para terapias psicológicas en línea.

A despecho de estas personas, la sociedad avanza lentamente hacia la aceptación de la diversidad. Cada día se elevan nuevas voces que pugnan por respetar los derechos e integridad de grupos histórica o recientemente vulnerados y excluidos de la sociedad.

No es una generación específica, sino millones de personas que entienden que valorar la integridad de sus semejantes es un principio supremo que debe regir la vida cotidiana. Esta máxima implica cuestionar las prácticas normalizadas y discursos que, en la superficie o en el fondo, generan, difunden o perpetúan estereotipos hirientes para sectores poblacionales o, inclusive, hacia individuos concretos.

No se trata de hipersensibilidad; no se trata de vivir en burbujas en donde no exista la maldad. No se trata de corrección política. No se trata de un intento quijotesco que se sabe estéril. Se trata de hacer de la dignidad humana el valor fundamental que regule nuestro día a día.

Contra la falsa estética de los cuerpos

Nahum Chuil López
nahum_chuil@hotmail.com

Nunca olvidaré a Julio, compañero de quinto de primaria. Hábil con el balón, gambetero, rápido. Me tocó marcarlo en aquella ocasión. No se animaba a pasarme, pero bailoteaba frente a mí con la pelota. Yo sabía la responsabilidad que tenía con mi equipo al estar en la defensa. Pero el partido y el recreo y mi vida se detuvieron cuando me vio a la cara y burlesco me dijo: «Tú no me das ni para el arranque, gordito». No sé si «me llevó» o detuve su intento. A partir de ahí fui consciente de mi gordura. Y como dice Unamuno, la conciencia es una enfermedad del ser humano.

El sobrepeso ha sido una realidad en mi vida. Quienes me conocen desde la infancia saben que he transitado de la gordura a la «simple» complexión gruesa y viceversa a lo largo de los años. No me recuerdo delgado en algún momento de mi existencia.

Pero empiezo a rememorar, hasta que el recuerdo se vuelve difuso, las veces que el de la llantera me ha dicho gordo; que el de la tienda me dice flaquito, haciendo referencia a mi gordura; que los del stand up hacen chistes que por razones desconocidas terminan refiriéndose despectivamente a los gordos; que mi abuela me recibía después de meses sin verla con un «Ay, huero, ya engordaste»; que Martha Debayle puso de moda en horario estelar de radio el símil «no te dejes ir como gorda en tobogán» cuando una emoción excesiva puede llevarte al descontrol en algo.

Ahí está el quid del asunto. El gordo no puede mantener la boca cerrada, piensan. El gordo es indisciplinado, juzgan. El gordo es débil, acusan. El gordo no puede verse al espejo sin «darse cosa», creen (¿ya notaron que «cosa» es anagrama de «asco»?). El gordo es un ser frustrado por no dominarse, opinan. El gordo es un riesgo para sí mismo, aseveran. El gordo es un enfermo; los gordos colapsarán el sistema de salud, repiten y repiten.

Quienes no soportan a los gordos suelen utilizar el discurso condescendiente de la salud: el gordo debe bajar de peso para ser sano. El discurso médico validado al servicio del odio; el discurso médico al servicio del control de los cuerpos «indisciplinados», como plantearía Foucault.


Sin duda, los prejuicios irracionales más fuertes son aquellos que han logrado poner a su servicio al conocimiento científico. Pero quizá sorprenda saber que no es una ley inamovible que ser gordo acarree enfermedades crónico – degenerativas.

Entonces no. El asunto no es médico, es un odio que se disfraza de ciencia y buena voluntad. Es un odio hacia lo que no se ajusta a modelos estéticos socialmente validados de los cuerpos. Ideal difícil de alcanzar en una sociedad atravesada en todos sus sectores por la gigantesca industria de alimentos ultra procesados, la comida rápida y las bebidas azucaradas. Esa misma industria que lanza a Thalía y Ricky Martin en una cruzada para ordenarnos que amemos nuestro cuerpo. ¿Puedo amar mi cuerpo gordo si todos me han enseñado que soy un ser humano enfermo?

Y ese es justo el gran problema de la gordura: la percepción generalizada que se tiene acerca de su evitabilidad: si tuvieras buenos hábitos alimenticios; si no comieras por estrés; si no fueras un glotón; si no te gustara tanto la comida grasosa; si tomaras más agua; si hicieras más ejercicio; si… Ser gordo es la lucha infinita contra el subjuntivo con el rostro lleno de vergüenza por la tozudez e indisciplina de dejar a nuestro cuerpo hacer lo que quiere. Ser gordo es la pulverización del libre albedrío que te disocia de todos. Es por eso que el desprecio viene de todas partes.

El día de hoy, la convivencia social necesita una transformación fundamentada en el respeto irrestricto a todos los estilos de vida que no atenten contra la integridad de terceros. No se trata de romantizar la obesidad, sino de concientizar a la sociedad sobre el imperativo de respetar cualquier condición en que se encuentren los cuerpos de nuestros semejantes.

La aceptación del propio cuerpo es decisión personal, y no debería ser juzgada negativamente bajo ninguna circunstancia. La aceptación del cuerpo del otro es un imperativo para la sana convivencia que necesitamos para avanzar como sociedad.

El impacto del uso de videojuegos en el desarrollo de las funciones ejecutivas

Daniel Velázquez Velázquez
daniel.velazquez.ser@gmail.com

Los videojuegos han sido una parte de la vida de las personas desde hace más de 40 años. Generaciones han crecido con la posibilidad de tener una experiencia de entretenimiento digital en muchas presentaciones distintas, incluyendo la proliferación de juegos portátiles a través de teléfonos celulares y tabletas. Es una tarea difícil encontrar una persona que no haya jugado en algún momento de su vida, sea Super Mario Bros., un juego actualmente disponible pero que salió en 1985 y que llegó a estar en casi 40% de los hogares en Estados Unidos, Fortnite, el juego en línea más jugado en el mundo con 250 millones de personas registradas según la base de datos de la compañía que lo produce, o Solitaire, aplicación que se incluye en Windows desde 1990.

La polémica gira sobre los beneficios y riesgos que hay detrás del uso de los videojuegos, específicamente en la niñez y la adolescencia. Asimismo, la crítica se extiende a la edad adulta, ya que la edad del jugador promedio se encuentra cerca de los 34 años en Estados Unidos, con 21% de los jugadores cerca de los 50 (Gough, 2020).

No hay duda de que la mayoría de los video juegos disponibles hoy son más complejos que aquellos que fueron desarrollados durante la década de los 1970s. Las primeras interfaces para los usuarios consistían en uno o dos botones y una palanca o cruz multidireccional. Actualmente, un control de consola o PC puede tener hasta 10 botones, cruz y 2 palancas multidireccionales. Esto solo nos habla del aspecto de memoria visual o destreza manual que requieren los juegos modernos (Johnson, 2006, pág. 227). Medir el impacto en funciones más complejas requiere un análisis más profundo que las interfaces físicas con las que se interactúa con el juego.

Funciones ejecutivas

El término de funciones ejecutivas es relativamente nuevo en el campo de las neurociencias. El “padre de la neuropsicología, Luria, se refería a tres unidades funcionales en el cerebro, el sistema de arousal-motivación, el sistema para recibir, almacenar y recuperar información y el sistema para programar, controlar y verificar información (Luria, 1973). Es este último el que se considera imprescindible para los diferentes procesos cognitivos como la flexibilidad cognitiva, planeación, autorregulación, monitoreo, memoria de trabajo y control inhibitorio (Ardila, et al. pág. 4).

La mejor definición de funciones ejecutivas se obtiene conceptualizándolas como un constructo psicológico; es algo que no podemos observar de manera directa, pero se puede inferir con base en comportamientos relacionados a los procesos mentales (Uttal, 2010, pág. 112). Esto abre la puerta a tener que precisar de manera clara, medible y observable aquellos comportamientos que puedan vincularse con dichos procesos, los cuales se consideran necesarios para funcionar de manera apropiada y responsable en situaciones cotidianas. En algunos casos clínicos se menciona que personas que han tenido alguna pérdida de capacidad cognitiva puede continuar siendo independiente y funcional mientras retenga las capacidades anteriormente descritas (Lezak, Howieson, & Loring, 2004).

Aunque sean procesos complejos de estudiar, se pueden distinguir unos de otros, aunque tengan factores en común. Estudios de neuroimágenes demuestran que el lóbulo frontal se involucra en mediar las funciones ejecutivas (Wager & Smith, 2003, págs. 241-242), mientras que se ha observado en otros estudios de tomografías de emisiones de positrones la activación de áreas comunes en el cerebro cuando se pide al sujeto realizar tareas que requieren de inhibición, actualización y cambio de tareas (Collette, y otros, 2005).


Estos términos son definidos por algunos autores como funciones ejecutivas frías y calientes. Las frías se refieren a habilidades como la atención, mantener y actualizar información en la memoria, inhibición de procesos inapropiados, flexibilidad cognitiva y monitoreo (Pérez-Pereira, Peralbo , & Valeiro, 2017). Los calientes están relacionados a contextos donde las emociones, motivación y tensión entran en juego para mediar la gratificación inmediata y futura, elemento prominente en los juegos de video.

En el campo de estudio relacionado a los videojuegos, lo que principalmente se evalúa son los beneficios en capacidades motrices y de aquellos relacionados a la memoria, así como aquellos que buscan hacer una conexión entre los comportamientos agresivos y el uso de juegos. La Organización Mundial de la Salud anunció en el 2015 que incluiría la adicción a los videojuegos como un trastorno psicológico; asimismo, la Asociación Psiquiátrica Americana propuso el trastorno en el 2013 para futuras revisiones del DSM 5 (Nielsen & Kardefelt-Winther , 2018). Estos eventos perpetúan un largo trayecto de sesgo en contra de, no solo estudiar los posibles beneficios de los videojuegos en el desarrollo, sino de crear un ambiente en donde quienes buscan evidencias de lo contrario cuestionen su propio sesgo y motivación de investigación.

Elementos cognitivos de los video juegos

En 1987 salió a la venta Zelda II: The Adventure of Link para el NES. El juego pedía visitar diferentes pueblos, obtener información de sus habitantes, navegar un mapa del mundo y encontrar secretos para poder vencer laberintos con enemigos distintos. Los elementos del juego se diferenciaron del anterior de manera radical, por lo que no fue tan bien recibido. Retaba a sus jugadores a combinar destreza y resolución de problemas de una manera poco conocida para ese tiempo.

Todos los juegos contienen elementos de aprendizaje. En el libro de What Video Games Have to Teach Us about Learning and Literacy, James Paul Gee (2007) habla sobre cómo aprender un juego es un proceso social como cualquier otro aprendizaje. Al jugar Zelda II, el jugador aprende un nuevo lenguaje que volverá a utilizar en otros juegos similares a ese. Es inevitable en este ejemplo no relacionar las funciones ejecutivas descritas previamente en el proceso de utilizar información previa y tomar decisiones que impactan escenarios en constante cambio, así como fijarse metas a corto, mediano y largo plazo, motivación y flexibilidad cognitiva.

Desde el dominio de las ciencias cognitivas podemos revisar un número de principios que se relacionan a cómo aprendemos y ejecutamos procesos metacognitivos. En el ejemplo anterior se postulaba que en un juego similar se pueden llegar a conclusiones parecidas de cómo vencer un obstáculo por una asociación semiótica de los contenidos. Una cuenta popular de Twitter muestra diferentes juegos que esconden algo detrás de fuentes naturales en el ambiente, por lo que jugadores han sido entrenados a identificar esos patrones y reconocerlos rápidamente porque llaman la atención y son críticos para mostrar dominio (Kress , 2004).

También disponible para terapias en línea.

Correlación entre videojuegos y funciones ejecutivas.

Desde los tiempos de Vygotsky y Piaget se han establecido que los juegos son esenciales para los procesos cognitivos y el desarrollo socio-emocional. Los videojuegos extrapolan habilidades que se relacionan con juegos tradicionales y los hacen alcanzables a personas de todas las edades (Mondéjar, Hárvas, Johnson, Gutierrez, & Latorre, 2016).

Cualquier actividad que se realice va tener un impacto en nuestro funcionamiento diario. Al ser una a la que personas le dedican un tiempo considerable, es crítico considerar sus efectos. Durante la cuarentena ocasionada por el COVID-19, el tiempo promedio de uso de juegos en la plataforma de computadora Steam incrementó considerablemente. 20 millones de usuarios se encontraban en la plataforma a mediados de marzo, un número récord para la compañía que la mantiene (Gough, 2020).

Muchos de los juegos que existen simulan actividades que se pueden hacer en la “vida real”. Juegos Fifa, Madden o MLB: The Show simulan sus respectivos deportes y son actualizados cada año. Otros como Rock Band o Guitar Hero dan la sensación de tocar instrumentos reales con reproducciones similares que se coordinan con la música que aparece en la pantalla. Unas horas con el juego y una persona que nunca ha jugado puede empezar a notar mejorías, una tarea de meta-aprendizaje que facilita el alternar de una tarea a otra y realizar ajustes minuciosos con poca anticipación (Bavelier, 2012).

Estudios de imágenes estructurales sugieren que jugar puede alterar la estructura del cerebro. En un estudio realizado con 20 participantes que jugaron el juego de estrategia de PC Rise of Nations durante 5-6 semanas por 1.5 horas cada sesión, se encontraron varianzas en la corteza prefrontal media, el cerebelo y el área somatosensorial (Basak , Voss, Erickson, Boot, & Kramer, 2011). La complejidad del juego viene en administrar un número de recursos en tiempo real, sin tener la posibilidad de pausar el juego, por lo que se deben tomar decisiones que midan las metas a desarrollarse con información limitada que va incrementando conforme avanza el juego.

El estudio anterior sugiere un punto de investigación continua y que tiene que ver con el tipo de juegos que son desarrollados, el diseño consciente de los elementos que integran los posibles beneficios y si ciertos géneros de juegos tienen un impacto positivo versus categorías que estén limitadas a beneficios en otras áreas como las mencionadas al inicio del texto, de destreza motora y memoria a corto plazo. De manera independiente, se debe considerar que cualquier beneficio puede ser reducido por el exceso de tiempo dedicado a la actividad. La inclusión de los criterios para diagnosticar la adicción a los videojuegos en futuras publicaciones apunta hacia evidencia que debe ser revisada de manera exhaustiva para confirmar los efectos postulados.


Conclusión

Los videojuegos son una fuerza cultural y económica con más de 50 años de historia detrás de ellos. En su representación fuera del capitalismo, pueden representar expresiones artísticas que dejan mensajes políticos, críticos y profundos. La mayoría, siendo de enfoque comercial, contienen elementos que buscan enganchar a las personas para seguir jugando, compitiendo con otros medios por el tiempo limitado de la sociedad.

Como cualquier medio que le antecede, su uso diario y constante influye en la manera en que apreciamos el mundo y crea un ciclo de retroalimentación donde el mundo es influenciado por generaciones de personas que han invertido su tiempo en distintos juegos. Fuera de descartar su impacto, se debe reconocer y canalizar hacia los potenciales que tienen como un medio interactivo que contiene características comparables, pero no igualables, con medios comparativamente pasivos en su uso y consumo.

La limitante actual es que se realicen estudios longitudinales que puedan acompañar el desarrollo a través del ciclo vital y que los juicios realizados reflejen un proceso de investigación completo y no uno enfocado en la tendencia del momento.

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Filosofía oportuna: Nueva normalidad y vida digital

A tan solo 17 días de que la Organización Mundial de la Salud caracterizó la emergencia del COVID-19 como pandemia, la editorial ASPO sacó una compilación de pensamientos críticos de 15 filósofos contemporáneos, de los que destacan Slavoj ŽiŽek, Franco “Bifo” Berardi, Judith Butler, Byung-Chul Han, entre otros. Para el 28 de marzo 2020, Sopa de Wuhan estaba circulando en todas las redes sociales mucho más rápido que el coronavirus en las calles del continente americano. Ese día, México cumplía apenas 5 días de iniciada su Jornada de Sana Distancia y Estados Unidos iba ya para su duodécimo día de cuarentena. No sé ustedes, pero cuando yo veía que Sopa de Wuhan estaba en cada esquina del ciberespacio con una autoridad crítica tan de matter of fact, mientras que a la mayoría de nosotros apenas nos estaba cayendo el veinte de que estábamos en el punto de no retorno a la vida como antes la conocíamos, me sentía como una verdadera idiota. O sea, ¡para ellos el fenómeno de la pandemia y sus cambios en el mundo ya estaban conceptualizados! ¡Ya nos ofrecían marcos de referencia (como Kill Bill, en el caso de ŽiŽek)! Para unos, la pandemia solo venía a confirmar lo que ya nos habían estado diciendo en sus libros previos. Lo sentí como cuando alguien en Facebook publica un dato o acontecimiento que claramente lo ha dejado perplejo, y el primer comentario que recibe es algo así como «Se veía venir».


Unos días después, en su reseña sobre Sopa de Wuhan titulada «El oportunismo del pensamiento crítico», Christina Soto Van Der Plas destacó lo precipitado de esa compilación:

La filosofía requiere tiempo. No es un arma de vanguardia y de golpeo de primera línea, sino un decir que nos obliga a reflexionar sobre las verdades, sobre quiénes somos y estamos siendo en los acontecimientos actuales y pasados. Cuando nos apuramos a sacar una conclusión para opinar sobre una situación, que es lo más cómodo y no nos obliga a pensar o escuchar sin juzgar, frecuentemente nos precipitamos y reducimos lo ajeno a categorías que podemos comprender. Metemos lo que no sabemos qué forma tiene en las cajitas que ya guardábamos en el sótano de nuestra mente para acallar la incertidumbre.

Christina Soto Van Der Plas

Ya visto a meses de distancia, la publicación de esa compilación fue una tremenda irresponsabilidad. Tan solo en su primer texto, el pensador italiano Giorgio Agamben cuestiona severamente la gravedad del virus y afirma (ni siquiera lo sugiere, sino que afirma) que se trata de una invención del gobierno. Su texto fue precisamente el más adelantado, al ser redactado el 26 de febrero de 2020, hasta un mes antes de varios de los otros escritores de la compilación, y ¡a 5 días de haberse registrado el primer fallecido por COVID-19 en Italia!

Curiosamente, si lo leemos ahora, ninguno de esos autores escribiría de los temas que más nos preocupan en torno al coronavirus: las nuevas formas de trabajar, el desempleo masivo, la infodemia, la crisis de las instituciones educativas, el increíble empuje de la economía digital y los servicios de paquetería y reparto, el tele-gobierno de las conferencias diarias, la exacerbación de la vulnerabilidad de las minorías y un larguísimo etcétera.

Pues bien, Sopa de Wuhan reflejaría un impulso del escribir por ganar la palabra y del pensar desde una mirada de cuello de botella con toda la confianza que brinda el conocerse como filósofo consolidado. Lamentablemente, Sopa de Wuhan contribuiría más a la desinformación y paranoia que a una reflexión cautelosa que merece un fenómeno en su mero punto de ebullición.

Abril, mayo y junio de 2020 vería la emergencia de millones y millones de investigaciones, artículos, notas periodísticas y, ahora sí, reflexiones sobre el tema de COVID-19. A este día, se pueden encontrar 6,700 mil millones de entradas sobre COVID-19 en Google. Al 28 de marzo, solo se encontraban 622 millones, y para el 26 de febrero, poquito más de la mitad de eso, 381 millones. La pandemia ha cambiado tan drásticamente las circunstancias globales, que lo más probable es que reflexionaremos sobre este fenómeno décadas y décadas por venir.

Y ya existen esfuerzos muy destacables que han abonado a la discusión filosófica sobre la vida cotidiana en tiempos de pandemia. Un grupo de egresados de la carrera de Filosofía de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Baja California publicó de manera independiente un ebook breve, en formato PDF, titulado Compilaciones filosóficas desde la frontera: Nueva normalidad y vida digital. En él escriben Erick Sepúlveda, Alejandra Córdova, Javier Alejo, Lucas Seamanduras, Evelyn Huerta, Alan Osuna y Alonso González.

Portada de Arnulfo León

Erick Sepúlveda, en su texto «El líquido de la rodilla o De las teorías de conspiración», explica el papel que las teorías de conspiración han tenido en las consciencias de los conspiranoicos. Señala cómo la creencia en estas teorías actúa como un bálsamo para la incertidumbre al mismo tiempo que valida la desconfianza en las autoridades y concede, ya casi como beneficio añadido, una sensación de superioridad intelectual.

Javier Alejo, en «Plataforma, Nihilismo virtual y Nueva normalidad», discute cómo la crisis económica y las dinámicas de la nueva normalidad nos ha acercado mucho más a las plataformas digitales, tanto para comprar y vender como para hacer un completo reflejo de nuestra vida pública en nuestras redes sociales-espejos.

En un texto muy divertido desde su título, «Garnachización Espontánea: lo que la época coronavírica se llevó», Lucas Seamanduras compara la economía del tránsito en torno a los puesto de garnachas en la Ciudad de México con la economía del tránsito en torno al eje fronterizo de Tijuana. Ante la Jornada de Sana Distancia y posteriormente la «Nueva Normalidad», plantea que la economía del tránsito está siendo desplazada por la gig economy como modelo imperante.

Los anteriores son solo algunos ejemplos de los textos que encontrarán en esta compilación. Necroperiodismo, la romantización del aislamiento, biopoder y los nuevos regímenes de vigilancia son otros de los temas desarrollados a lo largo de sus páginas.

Si bien el papel de la filosofía suele pasar desapercibido de la conciencia colectiva ante las crisis económicas y sanitarias, las circunstancias de la pandemia han producido cambios tan significativos y precipitados en nuestras formas de vida que exige nuevos paradigmas para pensar nuestra nueva realidad. La filosofía es precisamente la herramienta y la disciplina desde la cual hacerlo. Ante la pandemia paralela a la del COVID-19 de la infodemia, las teorías de conspiración y la ansiedad por lo que nos depara el mundo de mañana, el llamado a crear filosofía no podría ser más oportuno.

We need more women urban planners…

Dra. Maria Eugenia Encinas Moreno
vinci87240@gmail.com

We need more women urban planners… urbanistas, diseñadoras urbanas, arquitectas, ingenieras en transporte, mujeres que tomen decisiones en las ciudades o profesionales de cualquier género que sepan incluir.

Diseño urbano y urbanismo, en su página de Facebook.

Hace unos días hubo una gran discusión entre usuarios de Facebook y Twitter sobre este post. En él se plantea la necesidad de que las mujeres generen el espacio urbano adecuado para sus propias necesidades lo que generó gran molestia en la mayoría de los arquitectos (supongo hombres) que leyeron el post. Esto es un reflejo de la situación actual de la ingeniería y la arquitectura: una gran resistencia a incluir temas de género en la planeación de espacios urbanos.

Tradicionalmente, los espacios (arquitectónicos y urbanos) se diseñan tomando como base las medidas “ideales” establecidas en libros como el de Neufert (1936) o en modelos considerados sagrados como el modulor de Da Vinci o Le Corbusier. Como se puede observar, estas medidas ideales están basadas en el hombre blanco de 30 años, dejando de lado todos los demás usuarios del espacio: niños, mujeres, hombres de otras razas, personas con discapacidad y demás usuarios que no cumplen con los ideales del Renacimiento o de la época modernista, es decir, principios del siglo pasado.


Es por eso que las nuevas tendencias de la arquitectura a nivel mundial están proponiendo, entre otras cosas, un enfoque a la diversidad, buscando la inclusión de todos estos grupos que han estado excluidos y proponiendo poner en el centro del diseño a las personas que van a usar los espacios, y no solo desde las medidas de sus cuerpos, sino desde sus necesidades, trayectorias, prácticas y roles que desempeñan al usar ese espacio.

El espacio es construido socialmente (Lefebvre, 1968, 1972). El espacio urbano no es homogéneo, y es a partir de la identificación de las diferentes trayectorias y entidades heterogéneas que conviven en él, estableciendo relaciones, conexiones y asociaciones, que se puede comprender la forma en que se construye y reconstruye la identidad de dicho espacio y cómo esta identidad relacional se reproduce a través de la geografía (Massey, 1994, 2005).

Tristemente, la planeación urbana tradicional se ha centrado solo en el espacio construido y ha dejado de lado las necesidades de sus usuarios y rubros como la habitabilidad, la diversidad y la justicia socio-espacial (Blair, 1973; Hull, 1998; Fanstein, 2000; Watson, 2009). Las mujeres tienen trayectos diferentes; a pesar de las protestas de los arquitectos (quienes se obstinan en decir que el urbanismo no debería tener género y que la ciudad es neutra y demás), es cada vez más visible cómo las mujeres generalmente son las que tienen dos o más rutas antes de tomar la ruta a su trabajo (lo que no sucede con los hombres jefes de familia o mínimo con los que son tomados como base para diseñar los recorridos del hogar al trabajo).


La seguridad tampoco es igual para los hombres, base de la planeación, que para los miembros de otros grupos vulnerables. Como dice Ana Falú (2019), “Las mujeres queremos ser diferentes, pero no desiguales”.

Miedo a transitar calles oscuras, al acoso callejero, a tocamientos indeseados en el transporte público, a ser violadas. Estos son algunos de los temores que experimentan las mujeres de muchas ciudades del mundo. Las que viven en barrios informales sin electricidad, agua o saneamiento lo tienen peor. Para ellas es más difícil también encontrar empleos formales dignamente remunerados o alcanzar cuotas de poder en las instancias locales. La red global Ciudades y Gobiernos Locales Unidos (CGLU) estima que solo el 20% de los concejales y el 5% de los alcaldes del mundo son mujeres.

Alejandra Agudo, El País.

Cabe señalar también que esto no es cuestión de minorías, ya que las mujeres son más del 50% de la población, sino de ideologías que se ven reflejadas en la forma en que se diseñan las ciudades.

Ana Falú es un ejemplo de esta ideología emergente basada en la necesidad de repensar las ciudades desde una perspectiva de género para que sean más seguras y habitables para la población femenina. Ideología que encuentra una gran resistencia entre los arquitectos y los ingenieros, lo que es preocupante porque generalmente ellos son los que están a cargo de las ciudades. Esto refleja una gran necesidad de incorporar los procesos sociales al estudio de la ciudad, ya que son estos procesos los que hacen la diferencia entre dibujar (como se entiende ahora el diseño) y hacer ciudad.


La ciudad la hacemos todos los que la vivimos, los profesionales por tanto deben incorporar a la de ya estas vivencias a la planeación de las ciudades. La imagen de la carriola que no puede pasar por abajo del puente es solo una representación de tantos problemas que pasan las mujeres en los espacios urbanos y ¿quién mejor para decir qué necesitan que las mismas mujeres? La arquitectura y la planeación urbana deben evolucionar, esto no es una falta de respeto a los grandes maestros, a ellos se les respetará y considerará como siempre, dentro de sus contextos y lo que la arquitectura y el urbanismo necesitaban entonces; pero ahora estamos en un contexto y un momento diferente y es por esto que el enfoque debe cambiar y adaptarse al usuario: “El diseño debe adaptarse el usuario, no el usuario al diseño”, (frase que mis alumnos escuchan diez mil veces cada semestre).

Bibliografía

Blair, T. (1973). The Poverty of Planning London. Mac Donald Publishers.

Fainstein, S. (2000). New Directions in Planning Theory. Urban Affairs Review 2000; 35; 451. http://uar.sagepub.com/cgi/content/abstract/35/4/451

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Adquisición de lenguaje: los mecanismos que intervienen

Daniel Velázquez Velázquez
daniel.velazquez.ser@gmail.com

La adquisición del lenguaje en los niños es un fenómeno fascinante del desarrollo. En los primeros tres años de vida, y sin necesidad de ninguna intervención escolarizada, ellos adquieren de manera orgánica la habilidad de formar frases con 2 o 3 palabras con coherencia sintáctica, conjugar verbos, y añadir, a un ritmo muy rápido, nuevas y muy novedosas palabras a su vocabulario que, además, saben aplicar de manera pragmática. Considerando la experiencia limitada que un menor de 3 años suele tener sobre el mundo, esto supone una verdadera proeza. A lo largo de este ensayo se describirán los mecanismos que se consideran más relevantes para entender, a manera amplia, los procesos que intervienen en la adquisición temprana del lenguaje.  

Existe un claro consenso entre neurólogos en torno a dónde se desempeña la mayor parte del procesamiento lingüístico. Fue en 1914 cuando Derejine comenzó a hablar de un “área de lenguaje” existente en el cerebro: se trataba de “la región posterior inferior del lóbulo frontal izquierdo (área de Broca), la parte posterior superior del lóbulo temporal y parte del lóbulo parietal” (Ardila, Las Afasias, 2005, pág. 22). La propuesta de Derejine, complementada después por varios investigadores, consolidaría el enfoque localizacionista de las afasias del lenguaje, desarrollado por Broca en 1861 y Wernicke en 1874 y en honor a quienes se nombraron las áreas del cerebro que “contienen” el lenguaje. El consenso es, entonces, que “la actividad verbal depende del área perisilviana del hemisferio izquierdo” (Ardila, 2005, pág. 22). Sin embargo, la extensión del área del lenguaje, así como sus conexiones con otras áreas en el cerebro, ha sido controversial hasta la fecha (Ardila, Bernal, & Rosselli, 2016). Por ejemplo, Price (Hillert, 2014, págs. 186, citando a Price, 1999) comprobó que en tareas de traducción de una lengua a otra (específicamente entre alemán e inglés) se podía observar activación de regiones corticales fuera del área de lenguaje, como el cingulado anterior y estructuras subcorticales bilaterales; en otras tareas de traducción observó además activación del cerebelo, la ínsula izquierda anterior y el córtex motor suplementario. En casos de cambio de código (esto es, cambiar de una lengua a otra durante una conversación), vio activación en el área de Broca, pero también en el giro supramarginal bilateral (Hillert, 2014, págs. 187, citando a Price, 1999). Más recientemente, Ardila propuso que el área Brodmann 20 (que conforma el giro temporal inferior y el giro fusiforme) puede ser considerada un área marginal de procesamiento de lenguaje que participa en el “área extendida de Wernicke” (Ardila, Bernal, & Rosselli, 2016, pág. 1).  

Considerando las múltiples operaciones cognitivas que intervienen en la adquisición y procesamiento de lenguaje, no es de extrañarse que diversas partes del cerebro se encuentren involucradas dinámicamente. A continuación, se enumerarán y discutirán algunos de los mecanismos que intervienen en la adquisición temprana del lenguaje. Se abordarán los siguientes: neuroplasticidad, aprendizaje estadístico, desarrollo dependiente de la experiencia, afectividad y desarrollo de competencia pragmática. 


Neuroplasticidad y desarrollo neuronal 

Mucho se ha hablado de que existe un “periodo crítico” para la adquisición del lenguaje (y el aprendizaje de segundas lenguas), supuesto entre los 18 meses de edad y la pubertad de las personas. La noción del “periodo crítico” argumentaba la base biológica del lenguaje y fue defendida, especialmente, por Lenneberg. Él proponía que en el nacimiento ambos hemisferios del cerebro eran iguales, pero que a partir de los 18 meses de edad el hemisferio izquierdo se empezaba a especializar en las funciones del lenguaje y que este proceso terminaba en la pubertad, cuando esta especialización se “fijaba” (Elliot, 1983, págs. 23-24). Sin embargo, la noción del “periodo crítico”, que gozó de popularidad durante mucho tiempo, ya ha sido superada (Hillert, 2014, pág. 181), pues, una persona adulta también está en posibilidades de aprender lenguas nuevas sin problema alguno, aunque no de una manera tan “sencilla” como lo haría un niño. 

La neuroplasticidad es “la capacidad que el sistema nervioso tiene de modificarse a sí mismo, funcional y estructuralmente, en respuesta a la experiencia y a daños . . . la plasticidad es un componente clave en el desarrollo neuronal y en el funcionamiento normal del sistema nervioso” (Bernhardi, Bernhardi, & Eugenín, 2017). La neuroplasticidad va de la mano con el desarrollo neuronal de los niños ya que posibilita que el desarrollo, motivado biológicamente, se adapte a los estímulos del entorno. Es precisamente durante los primeros tres años de vida del niño que el desarrollo neuronal se da de una manera mucho más rápida que en cualquier otra etapa de la vida, por lo que toda la información que el niño obtenga en su experiencia durante ese periodo serán especialmente aprovechados para la adquisición del lenguaje.  

Aprendizaje estadístico

Uno de los mecanismos del que se vale el cerebro para “sistematizar” la información que recibe de su entorno es el aprendizaje estadístico. Desde una perspectiva biológica, el cerebro del ser humano está preparado para adaptarse a cualquier circunstancia cultural en la que nazca. En otras palabras, debemos asumir que una persona nace con la “capacidad” de aprender cualquiera de las 7,177 lenguas que existen en el mundo (Eberhard & Fennig, 2020). ¿Cómo se entera el bebé de qué lengua “le tocó” aprender? Escuchando muy activamente el lenguaje de sus padres, tan temprano como le es posible desde el vientre de su madre. Se ha demostrado, por ejemplo, que los bebés ya muestran preferencia por la voz de la madre y que incluso pueden discernir entre los sonidos de la lengua de su madre y sonidos de otras lenguas diferentes tan pronto como en los primeros 4 días de nacido (Berko Gleason & Bernstein Ratner, 1998, pág. 356). Al nacer los bebés son sensibles a todos los sonidos de cualquier lengua; sin embargo, durante sus primeros meses de vida, ellos van fijando su atención solo sobre aquellos sonidos que sean relevantes en las interacciones con sus padres y otros cuidadores. Según estudios de Werker (citada en Berko Gleason & Bernstein Ratner, 1999, pág 356-357) y de Kuhl (2011), entre los 8 y 10 meses de edad los bebés todavía pueden distinguir fonemas de lenguas que no corresponden con su lengua materna; pero para los 12 meses de edad esta habilidad comienza a desaparecer y para ese momento, los bebés ya desarrollaron una clara preferencia por el sonido de su lengua materna.  

Pues bien, tanto la diferenciación de fonemas de la lengua materna, como el posterior reconocimiento de palabras y enunciados se logra a partir de un aprendizaje estadístico: “mecanismos de aprendizaje dependiente de la experiencia extraen recurrencias estadísticas del entorno lingüístico y estas recurrencias se interiorizan como regiones de funciones especializadas” (Westermann, 2016, pág. 454) durante el desarrollo cognitivo.  

Disponible también para terapias psicológicas en línea.

Desarrollo dependiente de la experiencia

La calidad y constancia de los estímulos que recibe el niño serán fundamentales para su desarrollo y consecuente adquisición del lenguaje. En esto resulta clave el papel de los padres. Se ha comprobado cómo los adultos adaptan la complejidad y modulación de su lenguaje cuando le hablan a los niños; a este registro de habla se le ha denominado “motherese” o “baby talk” (Elliot, 1983, pág. 150). Lo que es más, se ha comprobado que esta forma de hablar progresa en complejidad de acuerdo a la edad del niño y sus capacidades, como producto de sus interacciones (Elliot, 1983, pág. 152). Pero hay otros factores que influyen sobre el input que reciben los niños. Si el bebé aprende con base en su experiencia y esta es constantemente enriquecida por sus progenitores y cuidadores, la calidad de vida y bienestar de estos últimos tendrán repercusiones directas sobre su desarrollo y adquisición de lenguaje. La clase social, nivel de educación, oportunidades de esparcimiento y otros factores resultan relevantes en este sentido. Por poner un ejemplo ilustrativo, en junio de 2013 el entonces presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, citó un estudio de Hart y Risley (2003) en un discurso para impulsar un programa de acceso universal y público a educación pre-escolar: “Sabemos que actualmente, durante sus primeros tres años de vida, un niño nacido en familia de bajos recursos oye 30 millones de palabras menos que un niño nacido en una familia acaudalada” (Erickson, 2015, pág. 213). El hallazgo de este estudio se conoce como “la brecha de las 30 millones de palabras” y, aunque es cierto que hay una diferencia en la clase de estímulos que reciben los niños por su condición social, la cantidad de palabras que escuchan ha sido ya muy cuestionada en críticas posteriores (Kamenetz, 2018; Pondiscio, 2019).  

A esto hay que sumarle el hecho de si el niño se desenvuelve en un ambiente monolingüe, bilingüe o multilingüe. En caso de estar en contacto con más de una lengua, el niño entonces contará con más estímulos que deberá organizar para darle sentido a sus experiencias y, con el tiempo, adquirirá competencia bilingüe. Hasta la fecha, existe un intenso debate dentro de la neurología sobre cuáles son las diferencias en el procesamiento de lenguaje de una persona bilingüe y una monolingüe. 

Afectividad

La afectividad es también una variable muy importante de considerar en la adquisición del lenguaje. El apego del niño con la madre, padre y cuidadores tiene un papel fundamental en su desarrollo. La calidad y constancia de estos vínculos afectivos sirven como aliciente que potencian mejores y más fuertes conexiones entre experiencia y base cognitiva de aprendizaje. Un ejemplo de ello es la propuesta de Borghi y Binkofski (2014) quienes señalan con su Teoría de las Palabras como Acción que la adquisición de palabras abstractas está cimentada en una valencia emocional. Ellos defienden la idea de que en la adquisición de palabras interviene una encarnación afectiva:  

La propuesta de la encarnación afectiva sugiere que tres tipos de información contribuyen al conocimiento semántico: sensoriomotora, afectiva y lingüística (Vigliocco et. al. 2009). Lo que finalmente divide las palabras abstractas de las palabras concretas es que las palabras abstractas dependen más de la información afectiva y emocional, y las palabras concretas dependen más de la información sensoriomotora. 

Borghi & Binkofski, 2014, pág. 103

Desarrollo de la competencia comunicativa y pragmática

La relación entre lenguaje y acción es también muy importante en la adquisición del lenguaje. Sumado a su aprendizaje estadístico, el niño aprende la utilidad pragmática de las palabras al relacionar su uso con objetos y objetivos específicos, así como con actividades y contextos específicos, y someter sus hallazgos a prueba y error en interacciones sociales. Por ejemplo, Roy (2011) grabó las actividades de su hijo en su casa con cámaras colocadas en cada habitación durante todo el primer y segundo año de su vida. Mediante una transcripción que consideraba lo lingüístico, la temporalidad y la espacialidad, constató que la adquisición de palabras concretas está muy relacionada al contexto espacial y temporal en el que estas palabras son utilizadas por los papás y cuidadores en interacciones con el niño. O sea, las palabras se van adquiriendo en conjunto con la acción situada. Por otra parte, en la Teoría de las Palabras como Acción (Borghi & Binkofski, 2014) se plantea que

las palabras pueden ser consideradas como herramientas porque, tal como sucede con las herramientas físicas, estas nos permiten actuar en el mundo junto con y en relación a otros individuos; son herramientas sociales también porque son adquiridas y utilizadas en contextos sociales.

Borghi & Binkofski, 2014, pág. 19.

Mediante esta teoría los autores explican la adquisición de palabras concretas y abstractas. El poder de acción de las palabras depende de sus funciones pragmáticas, habilidades que los niños van aprendiendo a partir de la retroalimentación y reacciones que reciben del otro.  

A lo largo de este artículo se revisaron algunos mecanismos que entran en juego en la adquisición del lenguaje, sin ser exhaustivo. Con esta revisión se ilustra cómo intervienen procesos de muy diversos niveles y complejidades que involucran cuerpo, mente, emociones, movimientos, estímulos, interacciones sociales, espacios y tiempo. Todo esto sin mencionar otros aspectos de las lenguas que están fuera del campo de lo neuropsicológico, como que están constituidas por componentes de diverso orden y articulación: fonemas, morfemas, palabras, enunciados, etc. No es de extrañarse que lo que se conoce como el área del lenguaje en el cerebro, no solo sea difícil de definir con plena certeza de sus límites, sino que además esté íntimamente conectada con muchas otras áreas especializadas del cerebro, pues estas conexiones son tan dinámicas como el proceso de recepción y producción del lenguaje mismo.  


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Pondiscio, R. (6 de junio de 2019). Don’t Dismiss That 30 Million-Word Gap Quite So Fast. Obtenido de EducationNext: https://www.educationnext.org/dont-dismiss-30-million-word-gap-quite-fast/ 

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Westermann, G. (2016). Experience-Dependent Brain Development as a Key to Understanding the Language System. Topics in Cognitive Science, 8, 446-458. 

Desarrollando perspectiva: «La justificación machista hacia la violencia sexual»

La justificación machista hacia la violencia sexual


Nicole Diaz Meza, nicole.diaz@uabc.edu.mx
Adriana Ochoa López, adriana.ochoa.lopez@uabc.edu.mx
Ana Aylin Rodríguez Salazar, ana.rodriguez53@uabc.edu.mx
Anna Paulina Vázquez Ramos, vazquez.anna@uabc.edu.mx
***Este cartel es el producto de un trabajo de investigación desarrollado por estudiantes de licenciatura en la Universidad Autónoma de Baja California en el marco de la materia Análisis de discurso. Las estudiantes recibieron orientación teórico-metodológica para diseñar su investigación. El tema escogido, así como sus planteamientos, responde enteramente a los intereses y sentido crítico de las estudiantes.

Desarrollando perspectiva: «La complejidad de ser trabajador en tiempos de contingencia»

La complejidad de ser trabajador en tiempos de contingencia


Sthepany Sánchez Villa
ssanchez75@uabc.edu.mx

A continuación, se describirá una cadena de consecuencias desatadas a partir de que la OMS declaró el brote del virus SARS-CoV2 como pandemia. Actualmente México se encuentra en la Fase 3 de contingencia por el Covid-19, por lo cual se tomaron medidas extremas, como lo es el establecimiento de una cuarentena con el objetivo de contener la propagación del brote. Como resultado de esta, es evidente que se generarían grandes desventajas en la economía, ya que las empresas tendrían que adaptarse a nuevos funcionamientos acorde al bienestar de cada uno de sus empleados. Lamentablemente, muchas de las empresas no cuentan con los recursos necesarios para poder apoyar a sus empleados como ellos lo requieren y como consecuencia han recurrido medidas como el recorte de personal y disminución en los sueldos. Por otro lado, algunas empresas no han seguido del todo las indicaciones y continuaron su funcionamiento.

El objetivo de este ensayo es informar sobre las repercusiones laborales a causa del COVID-19, puesto que es importante estar al tanto de los inconvenientes a los que se está enfrentando actualmente la mayoría de la población debido a esta situación. Desgraciadamente, se ha incrementado la tasa de desempleo, pero uno de los más grandes problemas aquí es que los despidos se han dado sin fundamento alguno. Es importante mencionar que gran cantidad de los trabajadores no conocen sus derechos laborales, lo cual lleva a este tipo de injusticias en virtud de su desconocimiento. Por otro lado, este cambio sísmico en el mundo laboral no solamente ha traído consigo demasiadas dificultades monetarias para estos trabajadores, sino que también les ha generado estragos en su salud mental, provocándoles estrés, tristeza y posiblemente enojo, debido a la preocupación de la inestabilidad de sus empleos o a la falta de estos.

La flexibilidad y la precariedad laboral tiene un gran papel ante una pandemia, ya que en particular se hizo aún más presente la cuestión del recorte de personal debido a que la mayoría de las empresas tuvo que pausar sus labores, y por supuesto, no le convenía continuar remunerando a la gran mayoría de sus empleados, ya que tendrían grandes pérdidas monetarias. Por lo tanto, optaron por despedir a algunos trabajadores tal y como lo revela la encuesta ENCOVID-19 recientemente realizada por el Instituto de Investigaciones para el Desarrollo con Equidad EQUIDE (2020). A nivel hogar, 37.7% de los hogares de la ENCOVID-19 reportan que uno o más de sus integrantes perdió su empleo o alguna otra fuente de ingresos. En particular, abundan los despidos injustificados o aquellos en que las empresas señalan la contingencia sanitaria como su causa, que claramente no es una razón justa para un despido. Esta solo es una estrategia de las empresas para no salir tan perjudicadas ante esta crisis. Aunque, conviene señalar que principalmente las liquidaciones se dan en personas mayores o con algún tipo de discapacidad.

Al mismo tiempo se han modificado las jornadas laborales y por consiguiente los salarios. La EQUIDE (2020) registró que el 61.6 por ciento de los hogares entrevistados reportaron que su ingreso en marzo fue menor al de febrero de 2020. Pero es aquí donde se hace notoria una diferencia entre el recorte de sueldos entre los niveles educativos de cada empleado, ya que las personas en las que se hace más evidente la desigualdad monetaria son las de menor nivel académico.


Al examinar la proporción de hogares que reportaron pérdidas de ingreso en marzo respecto a febrero de 2020, se encuentra que 7 de cada 10 grupos domésticos de “clase media baja” (estratos AMAI “D” y “D+”) dijeron haber disminuido su ingreso. La reducción que tuvieron fue del 50 por ciento.

EQUIDE, 2020

Esto quiere decir que, lamentablemente, las personas más afectadas durante esta pandemia son las de clase media baja, ya que no solo es destacable el hecho de que siempre han contado con un sueldo menor que apenas les ayuda a cubrir sus gastos principales, sino que también se les ha recortado aún más el sueldo. Cabe destacar que su sueldo se ha recortado el 50 por ciento, ya que, por ejemplo, si antes estas personas con dificultad podían realizar sus pagos y vivir cómodamente (dentro de lo que cabe), ahora les debe ser mucho más complicado sobrellevar la situación.

Por otra parte, las empresas no cuentan con los recursos suficientes para manejar una situación de este tipo, dado que en muchos de los casos no les interesa el bienestar de sus empleados, sino mantener la empresa a flote. Desgraciadamente, los empleados que más han sufrido las repercusiones durante esta contingencia son los adultos mayores y personas con algún tipo de discapacidad. Como es el caso de Samuel, que argumenta que fue despedido sin una razón válida durante el primer trimestre del año a causa del COVID-19. “Y está bien, puedo entender que una empresa hace restructuraciones, pero me gustaría saber la razón de mi baja, porque solo así, es hasta discriminatorio” (González, 2020). Estas instituciones están tomando como justificación de despido el coronavirus.

Por otro lado, es necesario resaltar la ineficiencia de las empresas, puesto que no se toman suficientes medidas para prevenir contagios. En concreto, existen empresas que incumplen con el cierre de funcionamiento debido a la contingencia. Como es el caso de Elektra, Autofin e Hyplasa, tal y como lo informó la titular del Trabajo y Previsión Social (STPS). 


También disponible para terapia psicológica en línea.

Tenemos a Grupo Elektra en diferentes partes del país, con más de 10 mil trabajadores, es un centro de trabajo no esencial que se niega al cierre. Tenemos el caso de Autofin aquí en la Ciudad de México, se dedica a la venta de autos que no es esencial.

Luján, 2020.

Claramente, el funcionamiento de estas empresas no es esencial, como es el caso de supermercados y farmacias. En relación con la ineptitud por parte de las empresas, conviene poner énfasis en el manejo de las medidas preventivas de contagio, en vista de que muchas de estas instituciones no están tomando las suficientes precauciones. Algunas de las irresponsabilidades se deben a que no se aseguran de que sus empleados estén siguiendo las normas sanitarias que se establecieron, como lo son el uso de cubrebocas, lavado constante de manos, mantener el espacio de trabajo limpio, etc., lo que quizás esté empeorando la propagación del coronavirus, pues los trabajadores continúan laborando como de costumbre y se exponen diariamente al contagio y, como resultado, más personas se enferman y contagian a otras, que en los peores casos, este tipo de negligencias llevan a la muerte a las personas más vulnerables.

Asimismo, el desconocimiento de los empleados sobre sus derechos laborales es una triste realidad; varios de los trabajadores desconocen los derechos de los que gozan. Esto se hace aún más visible ahora, pues en la mayoría de los casos las empresas no les informan a sus empleados sobre sus derechos laborales, pero lamentablemente, los trabajadores tampoco indagan sobre cuáles son sus derechos y mucho menos sobre sus derechos ante esta pandemia. Muchos de estos trabajadores se han conformado con el recorte de sueldo y otros con su despido injustificado. Por ejemplo, está en contra de tus derechos como empleado que se modifique tu sueldo de manera escrita, es decir que tú firmes estando de acuerdo con que así sea.

Por lo que se refiere a esta crisis, también se debe considerar el empleo informal. Los empleos informales ofrecen una oportunidad a personas que no cuentan con los requisitos para postularse en un empleo formal y supone una gran opción para contribuir económicamente en sus hogares.  En México, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) del 2016 (INEGI, 2019), la tasa de informalidad laboral alcanza cerca de 60% de la población ocupada, aunque se observa una significativa variación entre entidades federativas y periodos en los últimos años. De manera que gran parte de la población actualmente está enfrentándose a grandes problemas económicos, además de que cabe recordar que estos tipos de empleos no cuentan con algún tipo de seguro médico, por lo tanto estas personas se encuentran en una gran desventaja. Además, si bien se sabe, estas personas viven al día, con angustia porque probablemente llevan varios meses sin trabajar o trabajando muy escasamente, por lo que les es difícil permanecer sin su fuente de ingresos.


En cuanto a la lista de desventajas de los trabajadores, se suman los daños en su salud mental como resultado de toda esta situación, tales como ansiedad, estrés y depresión. Esto se debe a factores como la pérdida o disminución de ingresos, lo cual se encuentra ligado con la preocupación por conseguir alimentos suficientes para el hogar y el pago de servicios y renta.  Notoriamente, esto se está dando en la persona que es el sustento del hogar.

En definitiva, la desventaja que más resalta a partir de la contingencia sanitaria por el coronavirus es la crisis de desempleo que se originó; además sobresalió que las empresas de este país no son aptas para manejar una situación de este tipo, como es el caso de los negocios irresponsables que seguían trabajando sin ser esenciales, que no sólo exponen a sus empleados, sino también a sus familias. De la misma manera se hizo evidente el desconocimiento de los derechos laborales de los trabajadores. Así pues, estas instituciones dan por alto la posibilidad de que gran parte de estos trabajadores sean el único sustento económico de sus familias; dicho de esta manera, qué más podrían hacer estas personas para poder comprar y pagar lo que sus familias necesitan.

De igual modo, se ocasionaron efectos negativos en la estabilidad emocional de los trabajadores, ocasionándoles infelicidad, ansiedad y probablemente frustración. En mi opinión, es lamentable que muchos de estos trabajadores estén lidiando con toda esta incertidumbre, ya que, si de por sí ya es bastante desafortunado el hecho de temer por tu salud y la de tu familia, ahora agregarle todas estas situaciones económicas que tienen que sobrellevar porque no es solamente que muchas de estas personas quedaron desempleadas, sino que, ante esta situación, les será casi imposible conseguir un empleo nuevo en el corto a mediano plazo.

***Este artículo es el producto de un trabajo de investigación y redacción desarrollado de manera colegiada por parte de estudiantes de licenciatura en la Universidad Autónoma de Baja California. Los estudiantes recibieron orientación para planear sus investigaciones y redactar sus textos. Para ello contaron con un acervo bibliográfico que fue reunido por todos los miembros del grupo colegiado. Una vez redactados sus artículos, estos fueron sometidos a una revisión de pares ciegos, con la cual recibieron retroalimentación adicional al de su guía capacitador, para realizar cambios y correcciones. Todos los textos publicados bajo la categoría de “Desarrollando perspectiva” fueron producto de este proceso pedagógico.

Bibliografía

EQUIDE. (7 de Mayo de 2020). Impactos del COVID-19 en México. Recuperado el 27 de Mayo de 2020, de EQUIDE: https://equide.org/pobreza/impactos-del-covid-19-en-mexico/

González, S. (9 de Mayo de 2020). Desempleo, la otra cara del coronavirus en México. Recuperado el 27 de Mayo de 2020, de Milenio: https://www.milenio.com/politica/coronavirus-mexico-testimonios-desempleo-causado-covid-19

INEGI. (Agosto de 2019). Determinantes subnacionales de la informalidad laboral en México. (N. Vol.10, Editor) Recuperado el 28 de Mayo de 2020, de INEGI: https://www.inegi.org.mx/rde/2019/08/20/determinantes-subnacionales-de-la-informalidad-laboral-en-mexico/

Luján, L. M. (4 de Mayo de 2020). Exhiben a empresas que incumplen medidas sanitarias por coronavirus: Elektra, Autofin e Hyplasa se niegan a cerrar pese a contingencia. Recuperado el 27 de Mayo de 2020, de Infobae: https://www.infobae.com/america/mexico/2020/05/04/exhiben-a-empresas-que-incumplen-medidas-sanitarias-por-coronavirus-elektra-autofin-e-hyplasa-se-niegan-a-cerrar-pese-a-contingencia/