—Eres una basura demoniaca de la humanidad —me gritó mi madre, con furia, la primera vez que le dije que ya no quería ir a misa cada domingo. La frase es épica. Una hipérbole en diversos planos. Por un lado, mi madre me consideraba una basura: algo malo y, sobre todo, desechable. El desprecioSigue leyendo «Kerigma»
