Crisna Donají Sánchez Ramírez
donajirama@gmail.com
Maternidad habitada
Teníamos cerca de un mes viviendo en aquél apartamento. Por el ritmo de nuestra relación, pensaba que cualquier tipo de mareo era bienvenido, hasta que, además de mareos, comenzó un fuerte desinterés por el tabaco en contraste con un deseo intenso de pulparindos a las ocho de la mañana. No recuerdo dónde compramos la prueba, pero sí estoy segura de que no fue en ninguna de las cuatro farmacias que había camino a casa.
—Salió positivo, ¿Qué vamos a hacer?
Había visto tanta propaganda proaborto, provida, feminista y terf que me costó mucho trabajo aceptar mi deseo: “Seguro me verán como una mujer retrógrada y pensarán que mi vida se acabó, que ya no valgo la pena como mujer porque elegí el camino más tradicional”. Yo sólo necesitaba tiempo para considerar que me dolía el castigo con que las personas reaccionan ante el goce de las demás. Me dolía que muchas de esas que castigan también son mujeres con banderas moradas y verdes sesgadas por su color de piel y el dinero que tienen en el banco.
A las mujeres blancas no se les dice que “se cuiden” ni que aborten, eso se lo dicen a las pobres. El capitalista piensa que los pobres no tienen derecho a reproducirse ni a ser felices, de la misma forma en que explota a la mujer que cría sola mientras gana adeptos que viven su soltería a través de logros personales y likes.
Ayer el aborto fue reconocido en la constitución de francia. El gobierno francés pregona libertad y seguridad para sus mujeres europeas y blancas mientras financia armas para colonizar y exterminar a las mujeres palestinas y a sus hijos que nacen bajo escombros.
Mujeres del mundo elogian al gobierno francés como ejemplo civilizado de libertad sexual y reproductiva. No pudo haber sido en mejor momento que a unos cuantos días de que sea 8 de marzo, cuando la efervescencia feminista sale a las calles. Tan atinado, a unos días de los óscares, el pináculo de la propaganda euro-centrista y gringa que será comercial mientras las tropas israelíes atacan Rafah en Palestina.
Que aborten las mujeres blancas y civilizadas en clínicas prístinas y que se exterminen a los bebés deseados y amados de las mujeres palestinas, no tiene caso que vivan, no tienen lugar en el mundo.
Y aplaudan al Estado por salvaguardar los derechos de la mujer, que es quien nos ha dado el aborto; no fueron las mujeres violadas buscando en la medicina tradicional, no fueron las negras inventando formas para terminar con la esclavitud de sus hijxs.
No, que aquí el Estado es quien nos protege, por eso les da tanta rabia que no las cuiden los policías sino sus amigas. Añoran que el Estado siga siendo su protector.
—Sí quiero ser mamá.
—No sé por qué sentimos tanta culpa y vergüenza por algo que debería llenarnos de felicidad, que se joda el mundo—
Crianzas superdotadas
La ficción de que la sobrepoblación es el peor mal que aqueja el futuro de la humanidad tiene varios años siendo narrada mientras se nos convence de que ser jóvenes, solteros y productivos nos dará acceso a una vida digna. Así también, se nos convence de que quienes elijan el camino de la materpaternidad deben hacerlo de forma ordenada y planificada, y que debe desarrollarse de la mejor forma, una políticamente correcta, para que luego no haya adultos groseros, salvajes y criminales en la sociedad. Al mínimo error se nos someterá a un escarnio público en el que se nos cuestionarán las medidas de higiene, seguridad y educación con que afrontamos la materpaternidad.
Allá afuera no son tan visibles las redes que dan sostén a mapadres. Es increíble cómo se nos exige cumplir con estándares de crianza mientras se nos ofrecen cursos que sólo menguan nuestro criterio e instinto. Se amenaza y cuestiona nuestra forma de criar a los hijos mientras se nos martiriza y chantajea con recuerdos de nuestros propios traumas. Se nos asegura que trabajar horas extra garantizará un mejor futuro para nuestras crías, pero se nos priva de tiempo de calidad y se nos oprime cada vez más poniéndonos la camiseta de los lugares de trabajo. A los mapadres, si eligen quedarse en casa con sus crías, se les señala de sobreprotectores o mantenidos; pero si envían a la guardería a sus crías, también se les cuestiona, y los ataques y dictámenes sociales toman mayor fuerza cuando se diversifican por género.
Puto miedo
nada más católico
La culpa y el castigo acechando
El premio y reconocimiento acechando
De vez en cuando unx puede desdoblarse,
entregarse sin ser avalado por los terapistas digitales
Errar tierna y honestamente para volver a confiar.
Y crear. Y criar y crecer, cuerpo a cuerpo.

Mi quehacer
Decidimos que yo cuide de nene y del hogar a tiempo completo mientras papá provee lo necesario, también a tiempo completo. Por supuesto que podrán llamarme privilegiada, más no saben cuánto cuesta el kilo de jitomate o la tortilla, mucho menos otros productos, y tampoco saben los días de rebajas y ofertas en los supermercados.
Privilegiada y tradicional. Hetero-normada que continúa el pacto con el patriarcado a través de la familia y los roles de género. Yo leí mi familia y también vi otras familias en los libros y en la vida dentro y fuera de la ciudad.
Mi abuela dice que, mientras sea yo acomedida, donde quiera voy a tener un taco. Acomedida para lavar los trastes y barrer en casa ajena, para tender la ropa, para cargar un garrafón, para echarle agua a las plantas o ayudar con las bolsas del mandado.
Acomedida y vaga, diría mi madre, para saber dónde conseguir más barato el mandado o para saber dónde hay más variedad de flores o más colores de listones. Dónde está más bueno el pan y también dónde tomar los camiones depende a dónde vaya una. Vaga para saber en qué calles se disfruta más la caminata dependiendo dónde esté la sombra y dónde una puede ver pájaros exóticos en medio del mundanal.
Muchas personas que migramos sin papeles o con papeles absurdos confiamos en lo vagas y acomedidas que somos para hacer de tripas taco.
Eso que llaman «trabajo doméstico» lo desenvolvemos con pericia y gusto porque desde antes lo conocemos. Lo aprendimos de tías y tíos, de hermanos, abuelas, vecinas y vecinos. Lo traemos de antes, de donde tuvimos una comunidad en que nos cuidamos mutuamente. Por eso, para nosotros ese trabajo son cosas del hogar, no domésticas.
Doméstica es una gallina que pone, un perro que cuida, un pájaro enjaulado. Personas que trabajan el hogar, no trabajadores domésticos. Trabajar el hogar no sólo es limpiar la vivienda.
Hay salvadorxs que vienen a decir que «el trabajo doméstico es trabajo». Yo nomás veo que su narrativa se inserta en la lógica del capital de un tal señor Marx que no sé cuánto trabajo hacía en su hogar. Luego, ese argumento lo rescataron otras señoras en la misma lógica y así los blancos entendieron que ese trabajo debe ser valorado.
Cuando habla la blanquitud en sus propias palabras y tecnicismos es que el mundo se «descubre». Para nosotros no era necesario que nos dijeran cómo valorar.
Yo tengo esta sospecha de que todos los trabajos que ponen el cuerpo son mal vistos por la lógica de los blancos. Por eso ahí estamos putxs, chachxs y madres peleando que se nos respete nuestro trabajo y la manera en que nos gusta ejecutarlo. Su reconocimiento es muy bonito; pero, ¿dónde está la naturaleza?
—A veces creo que está mal cómo lo hacemos, que efectivamente estamos reproduciendo el sistema de valores de antes, donde tú eres el padre proveedor y yo la madre cuidadora.
—Yo creo que eso no tiene nada de malo y que tampoco será eterno. Recuerda que esta decisión la tomamos juntos porque pensamos que de esta manera bebé podrá estar más seguro, feliz y mejor alimentado. Yo no creo que esto vaya a durar para siempre, y en cualquier momento me sentiría feliz de invertir los papeles.
Me gusta pensar que bajo el techo que habita mi familia no existe el Estado, tampoco la familia extendida, muchos menos las redes sociales ni el internet. De todas formas, el círculo de conocidos y amigos se va estrechando cada vez más: para mapadres treitañeros es más estrecho; con un compañero que ya era papá se estrecha aún más; con una madre migrante es más estrecho, y con ambos mapadres sufriendo ansiedad social, aún más.
Estamos aquí, siendo individuos solitarios esforzándose por sostener al otro en una coreografía submarina, como cuando fuimos peces en el vientre de nuestras madres.

Mamífera
Me pregunto qué genocidios ocurrían cuando mis padres me criaron siendo yo bebé.
La paz no existe.
Mi cría come de mí mientras se me atraviesan imágenes y videos del genocidio que no tiene fin, cuyo comienzo existe desde siempre.
No quiero ver, se me constipa la garganta en nudos y se me encharcan los ojos.
Mi cría duerme, sabiéndose seguro, aunque me aterra sentir que quizá no esté tan seguro.
De todos esos asesinatos me brota también incertidumbre y miedo.
Parece lejano, pero Haití sufre junto a la opulencia de República Dominicana y no, tampoco ha ocurrido nada y sí, también se retiró la «ayuda humanitaria», porque, como diría la negra Drullard, «los negros no son humanos», tampoco los palestinos, tampoco los mayas, otopames, txotziles, wirarikas y demás.
Y no, yo no quiero ser humana que cría con bondad.
Yo quiero ser mamífera que asesina, protege y defiende. La animala que pone su cuerpo y astucia para que este crío nuestro sea poderoso.
Yo no le voy a enseñar los números a mi hijo, tampoco sus derechos humanos. Yo le voy a enseñar la rabia y valor de su existir, que prenda fuego a los consejos que no pida, que destruya todo adoctrinamiento, que viva en guerra y honre la vida de lxs otrxs animalxs.
Que dé vida a su vida, que sea fronda.
Que aniquile a todxs lxs que se convencieron de que el empaque es importante.

Estos textos fueron publicados originalmente en un fanzine que lleva el mismo nombre, disponible en Ediciones Caradura Cafeteoría, en Tijuana.
Nacida en 1990 en la ciudad de Querétaro, Crisna Donají Sánchez Ramírez pasó su infancia entre los márgenes de la ciudad y la Sierra Gorda queretana. En su adolescencia, estudió en un centro de educación artística (CEDART) donde se formó como técnica en teatro y decidió continuar sus estudios en la licenciatura en Arqueología en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, donde se tituló en 2017.
Participó en el movimiento artístico de su ciudad natal a través del Performance, colaborando con el artista Leche de Virgen Trimegisto así como con Guillermo Gomez Peña y la Pocha Nostra, además de La Bala Rodríguez.
Paralelamente, se desempeñó como colaboradora y reportera para medios impresos de Querétaro en la sección de Cultura y nunca ha dejado de posar desnuda para artistas y estudiantes.
En 2017, migró a la ciudad de Tijuana donde realizó trabajo de campo en la zona metropolitana de Tijuana a través de encuestas económicas de INEGI de 2018 a 2023.
En 2022, mientras gestaba a Nua, estudio la Especialidad en Estudios de Ciudades del siglo XXI en El Colegio de la Frontera Norte. Actualmente, Donaji es becaria de la Maestría en Estudios Culturales en la misma institución, en la línea terminal de Historia, memora y patrimonio cultural.
