Pax Demonica es la primera novela de Edgar Adrián Maldonado Arellano, también conocido por su nombre artístico Elion Shertz. Se trata de una novela de 332 páginas, organizadas en 71 capítulos, que impresiona, no solo por su extensión, al tratarse de una primera novela, sino por la altísima complejidad de su trama. Esta no es una novela para hojear tranquilamente, sino que exige a lectores críticos y curiosos que presten mucha atención.
Por ejemplo, tan solo en sus primeras 70 páginas, el autor nos familiariza con más de 20 personajes, el 80% de ellos importantes y protagónicos en sus respectivos momentos. Lo admirable del relato de Elion es que, no importa que sean 20, cada uno tiene una personalidad bien definida y está magistralmente desarrollado. En mi lectura, me iba encariñando con cada uno y luego me moría por que ese personaje emergiera de nuevo en la trama. Esto me pasó con Tatiana Cassal; con Nimrod, también conocido como el Halcón Nocturno; y, por supuesto, con Salieri, quien podría ser considerado como el personaje que ata cabos con todos los demás, y cuyos fragmentos son los únicos relatados en primera persona.
Los lectores de esta novela no solo deben prestar atención a los personajes, sino que, con el desarrollo de cada uno, los narradores plantean una serie de misterios que se van revelando a cuentagotas. Y es que Elion pone un misterio sobre otro sobre otro sobre otro, de manera que los lectores van acumulando interrogantes en la espera de que cada una encuentre solución. En esto, me atrevo a decir, la narrativa de Elion me recordó mucho al estilo creador del famoso productor, director y guionista JJ Abrams. Soy una gran fan de Lost y de Fringe y, al igual que en estas series televisivas que salieron hace muchos años, aparecen demasiados personajes, intrigas y alianzas que en todo momento hacen dudar cuál es el bando de los buenos y cuál de los malos, quién trabaja para quién y cuáles son las motivaciones y los intereses de cada facción. Esas series eran tan intricadas que incluso se vendían enciclopedias que trataban de registrar cada interrogante y cada tema para no perderse de todos sus detalles.

Pues bien, la novela de Elion no se queda tan lejos de esto. Yo estuve tentada a hacer una tabla para registrar a los personajes, sus características, sus alianzas y sus símbolos. De hecho, terminé rayando y subrayando todo el libro para seguir la trama e ir conectando los sucesos con sus consecuencias. Pero es que, lo repito, esta obra no está hecha para lectores pasivos; la novela exige ser reconstruida y eso es lo que se disfruta de ella. Las similitudes de Pax Demonica con las obras de JJ Abrams no se detienen ahí. La suya también es una obra de ciencia ficción y, por supuesto, aparecen monstruos, pero de eso les hablaré más adelante.
Tuve la fortuna de conocer a Elion cuando estaba redactando el planteamiento de esta novela. Coincidimos en un taller de novela de Juan José Luna y ahí Elion nos compartió los primeros capítulos, conforme los iba escribiendo. Primer capítulo: nos habló de Tatiana Cassal y me encantó. Quería saber más de ella. Segundo capítulo: nos habló del Hombre del sobrero rojo, y me encantó. Quería saber más. Tercer capítulo, nos habló de Salieri, y me encantó. Quería saber más…y así siguió con cada entrega hasta que hubo un momento en el que yo ya no pude seguir la trama. Empecé a olvidar los nombres de los personajes y, aunque tenía nociones de la secuencia de grandes acontecimientos de la novela, no lograba seguir la trayectoria de ningún personaje. Eso me avergonzó muchísimo. Pensé que era una lectora incompetente, que quizá yo llegaba al taller demasiado distraída y atiborrada de pendientes que no me dejaban poner atención a la trama que Elion trataba de presentarnos. Pero ahora que he tenido el privilegio de adquirir su libro, y, sobre todo, de leer esos capítulos todos juntos, veo con mucho alivio que no era yo, sino que la trama viene así por diseño.

Pero Elion no deja a su lector desamparado en el seguimiento de sus personajes y lo apoya con un recurso poco usual en la literatura regional e hispanoamericana: en la esquina superior derecha de la página inicial de cada capítulo, colocó un emblema o un símbolo que representa al que será el personaje protagónico en cada uno. Por ejemplo, Tatiana Cassal, que es muy importante para la trama, tiene el símbolo de un paraguas con un mango garigoleado.
Spoiler alert, quien no lo quiera leer, sáltese este párrafo: ese paraguas aparece una única vez. Quien quiera enterarse de cuándo vuelve a salir su personaje favorito, solo debe hojear las páginas, ubicar su símbolo y sentir alivio. No como yo, que me enamoré de Tatiana a la primera y luego tuve que hacer berrinche porque el ícono no aparece ninguna otra vez.
Pero bueno, ¿y de qué trata la novela? De monstruos, terrorismo, ciencia de ética cuestionable, amor y amistad. En una ciudad cuyo nombre no se menciona, pero que es vecina de otra ciudad llamada Atraska, una banda terrorista de nombre Espartaco opera sus ataques apoyándose con monstruos que son utilizados como armas mortales. Sin embargo, en este mundo distópico de Pax Demonica habitan también unos “demonios”, bastante simpáticos y entrañables, que, al parecer, emergen de las emociones y los deseos de las personas humanas, quienes fungen como sus huéspedes. Cada demonio se aboca, así, a proteger a su huésped, en una relación simbiótica que persiste más allá de la muerte.
No podría platicarles nada más sin soltar más spoilers, así que cierro mi reseña no sin antes destacar el increíble lenguaje con que Elion escribe su novela. Les cito, por ejemplo, la frase con la que abre:
El cielo comenzaba a tragarse las estrellas. La noche, incesante, continuaba materializándose entre las nubes que, como peces en un cardumen, se apresuraban para dejarse llevar por las las corrientes marinas hacia el olvido.
Un autor promedio escribiría “Era de noche”, pero Elion no es un autor promedio. Todo lo contrario, su lenguaje es sofisticado, bello y, sobre todo, preciso. Nunca lo verás repitiendo adjetivos ni verbos, si acaso solo tiene una predilección peculiar por la expresión “¡Vaya que esto, vaya que el otro!”. Dejando esto último al lado, la verdad de las cosas es que esta novela, además de una gran trama, tiene muchas frases muy poderosas. Me despido con mi favorita, que es una que le dice Francisca a Tobias, así, con la sílaba tónica To y no bías.
–¿Alguna vez ha tenido usted el presentimiento de que cada que volamos alto, solo es para que alguien más ponga la mira sobre nosotros y así obtenga el logro de habernos derribado?
Todo el tiempo, Francisca. Todo el tiempo.
Pax Demonica está disponible en la librería de Lapicero Rojo aquí.
