Ruben Eduardo Montejo Santiago
Estudiante de Lengua y Literatura de Hispanoamérica
Universidad Autónoma de Baja California
ruben.montejo@uabc.edu.mx
Cuando leí la obra, quedé impactado con todo lo que aparece en ella. Sentí un nido de aves muertas en la garganta, como escribiera Sánchez Moreno. Y es que su pluma es tan visual que cae entre lo cáustico y lo divino.
Por qué la gente recordará a mi padre trasciende más allá de la simple pregunta que la autora se ha formulado con el pasar de los años. Trasciende la palabra y la convierte en voz: una voz infantil recargada de energía que grita. Grita en nombre del olvido y de los olvidados, de la gente sin nombre y sin dientes. De la gente que, para muchos de nosotros, se ha convertido en un insensible número estadístico.
Como texto teatral, que oscila entre la narración y la memoria, la autora nos sumerge en un microcosmos. Allí chocamos entre las cuatro paredes, pues la Niña (personaje que realmente no tiene nombre) nos direcciona en un cuarto oscuro. Justo ahí nace la historia donde converge el testimonio y el recuerdo. Es bellísimo, pues el recuerdo es una forma de magia, de imaginar mundos imposibles y de materializar nuestras fotos mentales. Gracias a Sánchez Moreno somos espectadores de violencia. Somos cómplices de aquello que los niños no pueden nombrar, pero que nosotros conocemos perfectamente. Ignoramos la infancia ultrajada y la diluimos en una normalidad aterradora. En el círculo repetitivo nunca nos detenemos a pensar las consecuencias que tendrán esos golpes, esas marcas, esas sustancias.

Conforme avanza el texto encontramos intertextualidades. Nos trasladamos a los campos algodoneros de Mexicali, bebemos letras de canciones, nos sentamos al lado de los juguetes viendo arrebatos y arcadas. Jugamos a fingir, a actuar. A patear la pelota y fumarnos el foco, el cricko. También participamos en las grandes ligas del béisbol. Volvemos a la infancia, donde no deberíamos conocer el miedo ni el abandono… pero ahí están. Experimentamos la ausencia; a flor de piel sentimos la aflicción. No solo eso, descubrimos también la esperanza y la fortaleza, el ímpetu de construirnos como personas, de florecer entre tanta amargura.
Por qué la gente recordará a mi padre es una pieza genuina en su formato y cruda en su contenido. Es un testimonio fidedigno de nuestra realidad tijuanense. Es el compromiso de nombrar lo que se intentó olvidar. Es permitir que se queme nuestra lengua al decir «papá» y que salga su figura a la superficie. Desdoblar las raíces guardadas y elegir lo que se nos ha otorgado. Es hacer las paces con nuestro sufrimiento, abrazarlo fuerte y firmemente. Porque los hijos del cristal no solo son frágiles. Brillan, como los bombillos, en la completa oscuridad.
La obra de dramaturgia Por qué la gente recordará a mi padre, de Daimary Sánchez Moreno, puede ser descargada aquí. La portada de su libro, que acompaña además la entrada de esta publicación, fue ilustrada por Carolina Castañeda.
* Ruben Eduardo Montejo Santiago nació en Tijuana, Baja California. Empezó su gusto por la lectura a temprana edad. Desde Paco El Chato a Don Quijote hasta cómics y libros de superación personal. En nivel secundaria fue apadrinado por Yadira Morán, egresada de la licenciatura de Lengua y Literatura de Hispanoamérica, quien le impartió talleres y cursos para la escritura creativa. Producto de esos talleres, participó en múltiples concursos de cuento, oratoria, declamación y cuenta-cuentos estando siempre entre los finalistas.
En el año 2014 fue galardonado con el primer lugar en Baja California en el XIV Concurso Nacional de Expresión Literaria “La juventud y la mar” gracias a su texto “Suicidio en la mar”, donde el Golfo de México y la Segunda Guerra Mundial cobran protagonismo. Actualmente, cursa la licenciatura en Lengua y Literatura de Hispanoamérica. Su afición por el humor negro, la sátira y los arquetipos le han llevado a analizar profundamente en la obra de Enrique Serna (su autor favorito).
