La ciudad de las promesas: Tijuana entre letras

Alan Alberto Ramos Cortes
Estudiante de Lengua y Literatura de Hispanoamérica en la Universidad Autónoma de Baja California
ramos.alan23@uabc.edu.mx

Comienzo con la cita de la escritora Alicia Esténs al libro de Dostoyevski: “nada en este mundo es más difícil que decir la verdad, nada es más fácil que la adulación”. Con esto quiero dejar en claro que lo que diga aquí es mi más sincera opinión como lector y es el comentario que de verdad ha nacido desde el fondo de mí sobre este libro.

Cuando le compré el libro Tijuana entre letras a la Dra. Liliana Lanz, hace ya unos meses, hubo dos cosas que jamás imaginé. La primera de ellas es que acabaría teniendo la oportunidad de comentarlo en el XI Encuentro Regional de Literatura; y la segunda, que se convertiría en uno de mis libros favoritos.

Ese día le dije a la profesora Liliana, en tono de chiste pero sin mentir en mis palabras, que lo leería mínimo hasta donde saliera ella, pero si era un texto académico aburrido lo dejaría a medias y olvidado en mi estante de textos académicos aburridos que no voy a leer. Mi sorpresa fue grata cuando devoré las primeras 60 páginas durante una mañana de viernes. Bajo el sol que siempre baña la esmeralda de tierra en la que vivimos, me daba el viento fresco que soplaba la Ninfa Calipso y veía el mar en el que vive la Reina Calafia.

El libro, compilado por Juan José Luna, es tan diverso como la ciudad que lleva en su título. Esto lo hace muy digerible de leer y evita que uno se estanque. Cada escritor le da un toque diferente a su relato o cuento. En algunos de ellos se puede ver reflejada de la manera más cruda a Tijuana, como una Tijuana violenta, una Tijuana fea, una Tijuana llena de falsas promesas y desamparo. No exagero al decirles que me dieron ganas de vomitar dos veces al leerlo, porque no siento lo mismo cuando leo una injusticia en una novela que cuando sé que esa injusticia es verídica, que esa injusticia pasó en mi ciudad, a unas calles de mi casa o a la vuelta de mi esquina.

Sin embargo, también hay relatos muy llevaderos y nostálgicos que te cuentan los orígenes de la ciudad y te llevan a caminar por ella. No te imaginas los escenarios; los ves y estas en ellos; saboreas las comidas que nombran, y te hacen acordarte de tus propias historias, de las historias de tus abuelos, de los momentos felices que esta ciudad puede brindar, y ahí dan ganas de llorar.

Estos elementos de crueldad y bondad se juntan en una mezcla heterogénea perfecta, que hace que no te aburras con puro andar paseando por la ciudad o recordando lugares que tal vez no llegaste a conocer. Tampoco te abruman por la crueldad e infortunio que se plasma, porque, seamos sinceros, para leer “puras tristezas” mejor nos aventamos seiscientas hojas de Los miserables. Ir alternando entre estas dos maneras de relatar y ver a Tijuana dan el descanso perfecto entre una y otra, aparte de que dejan picado y a la expectativa de los “chismecitos” que cuentan.

También cabe recalcar que es un libro lleno de datos de nuestra ciudad:cómo se fundó, el nombre de sus calles, sus cimientos económicos, sus colonias, sus leyendas urbanas, etc., etc. Si no conoces muy bien la historia de la tierra en la que vives, es una gran guía para saber más de ella. Se dice que un pueblo que no conoce su historia está condenado a repetir los mismos errores, y yo creo que Tijuana ya está harta de equivocarse.

Alan Ramos comentando el libro Tijuana entre letras, en compañía de las autoras Liliana Lanz y Rosa Alicia Esténs.

Quiero hacer mención especial a mi tata (abuelo), ya que él fue mi compañero de lectura y verificador de fuentes. Aunque no le leí el libro en voz alta ni se lo presté para que lo leyera, cada vez que leía acerca de un lugar que ya no existe, de un hecho que sucedió antes de que yo naciera, o algo de lo que simplemente quisiera saber si a él le tocó vivir o ver, lo consultaba con él. Esto hizo que me contara sus historias, dónde bailó, dónde vivió, cuando llegó, cómo era la ciudad, a qué vino a ella, entre muchas otras cosas. Si tienen la oportunidad de leerlo junto a su verificador de fuentes personal, es una experiencia que recomiendo enormemente.

El libro da a relucir las características más importantes de Tijuana. Una de ellas es su gente, que se plasma desde las semblanzas de los escritores. Tijuana es un bosque lleno de árboles cuyas raíces son muy largas, tan largas que están en otras tierras, pero no florecieron en otro lugar más que en este. La mayoría de los escritores de este libro no nacieron aquí. Ni siquiera yo nací aquí (aunque tampoco vengo de tan lejos, soy de aquí al ladito, de Rosarito). Venimos de otro lugar de la República; pero, adivinen qué: somos cien por ciento tijuanenses. Tijuana es una representación de México a escala pequeña; México es una olla de capirotada, y Tijuana es el platito que sirvieron más reportado de ella. Una mezcla gigante de culturas, raíces y lenguas diferentes.

Hablando de lenguaje, en el libro se utiliza una jerga totalmente tijuanense; esto me hizo sentir como si platicara con un amigo. No tuve que esforzarme en comprender porque soy de aquí; pero no te preocupes si ese no es tu caso, los escritores te explicarán con claridad cada modismo que utilizamos en este rancho.

Juan José Luna dedicando el ejemplar de Alan Ramos.

Profundizaré en algunos relatos, pero de manera resumida porque siento que ya me extendí mucho. Cada escritor plasma algo diferente de Tijuana en sus  capítulos. Rosa Alicia, en su texto “Bibliotecando”, nos muestra cómo, a pesar de que pareciera que somos gente egoísta y separada desde nuestro lugar de origen, compartimos el sentido de la unión como pueblo, porque todos estamos buscando algo en esta ciudad, y ya estamos cansados de las injusticias que nos quitan lo poco que tenemos. Así nos hagamos chistes locales acerca de dónde vienen nuestras familias, en qué colonia vivimos o en qué escuela estudiamos; cuando nos subimos al mismo taxi de ruta, cuando compartimos aula, cuando bailamos en el mismo antro, cuando comemos en los mismos tacos, cuando luchamos por la misma inconformidad, TODOS somos tijuanenses.

El cuento “Foxplorations” de Liliana Lanz nos muestra lo bonito y lo malo de Tijuana, cómo ésta puede ser el suave almohadón de sueños, las cálidas cobijas de la esperanza y el cómodo colchón de las promesas o el frío catre de la desilusión, el profundo hoyo de la realidad y la callada tumba del olvido. Aunque, la verdad, en su relato predomina la esperanza y, mientras Tijuana te dé esperanza, seguirás aquí por las posibilidades de que te cumpla todas sus promesas.

A Juan José Luna, quisiera responderle una pregunta que nos plantea en su texto “Otra vez Tijuana”: ¿se puede sentir nostalgia a los 18 años? En mi opinión, que no es la verdad absoluta: sí, claro que se puede, porque la nostalgia es la prueba de que hemos vivido, y a mis 21 años de edad, soy un nostálgico empedernido. Al leer su texto me di cuenta de que es un muy buen ejemplo de tijuanense y estoy seguro de que más de uno se sentirá identificado contigo (como yo). Llegaste sin rumbo aparente, buscando algo sin saber con exactitud el qué, tomaste agua de la Presa y ya no te pudiste ir, y Tijuana te cumplió sus promesas, lo cual, de verdad, me da mucha alegría.

Mi más sincera opinión y mi comentario final acerca de la obra es que es un libro que todo el que viva aquí debería de leer, así lleves más de 50 años como mi abuelo, nacieras aquí como mi mamá, estés forjándote aquí como yo, o acabes de llegar de otro lugar. Porque en este libro podrás encontrar tus memorias, podrás aprender de tu ciudad o podrás conocer tu nuevo hogar, todo esto gracias a que los escritores de verdad lograron encerrar a “Tijuana entre letras”.


*Tijuana entre letras es un libro compilado por Juan José Luna con relatos de Luis Rubén Rodríguez, Martha Antillón, Rosa Alicia Esténs, Enrique Briseño López, Liliana Lanz Vallejo, Luis Manuel Reza, Alejandro Fregoso, Lorena Santana Serrano y Juan José Luna. Disponible aquí: https://www.amazon.com.mx/Tijuana-entre-letras-Spanish-Juan/dp/B0CST5KJX3 y en la librería El Día de Zona Río, Tijuana.

**Alan Alberto Ramos Cortes es un joven originario de Playas de Rosarito, Baja California. Con 21 años de edad, cursa el quinto semestre en la carrera de Lengua y Literatura de Hispanoamérica y se considera un soñador más de Tijuana.

Publicado por Liliana Lanz

Doctora en Ciencias Sociales, maestra en Lingüística aplicada y docente con experiencia de más de 15 años. Mis temas de interés son el bilingüismo, el análisis de discurso y la mercantilización del lenguaje. Me identifico como feminista, translingüe y madre contestataria.

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